¿Por qué Arenales?
21/01/2026. Análisis y Reflexiones > Análisis y Reflexiones
A menudo la gente suele preguntarse por qué el general Arenales tiene una espléndida estatua ecuestre en pleno centro de la ciudad de Salta, más precisamente en Plaza 9 de Julio. Y a continuación se indaga: ¿Qué hizo para estar allí?
Por Abel Cornejo
“Arenales, solo ya, sigue peleando sin pensar en rendirse. Un feroz hachazo le tiene el cráneo abierto en uno de sus parietales. Su cara está tinta en sangre. Otro tajo horrible le abre desde arriba de la ceja hasta casi el extremo de la nariz, dividiéndola en dos; otro le parte la mejilla derecha, por bajo el pómulo, desde el arranque de la sien hasta cerca de la boca. En fin: trece heridas tiene, despedazada su cara, su cabeza y su cuerpo —por lo que sus adversarios le llamarían con el apodo de “El Hachado”— y todas están manando sangre; pero él defiende la vida haciéndola pagar caro”. Bernardo Frías
A menudo la gente suele preguntarse por qué el general Juan Antonio Álvarez de Arenales tiene una espléndida estatua ecuestre en pleno centro de la ciudad de Salta, más precisamente en la Plaza 9 de Julio. Y a continuación se indaga: ¿qué hizo para estar allí? La obra del escultor Arturo Dresco constituye una de las más logradas de la República Argentina
El prócer nació en el Reino de España, en Villa Reinosa, localidad de Castilla la Vieja, un 13 de junio de 1770. Perdió a su padre a los nueve años y entonces fue educado por un pariente llamado Remigio Navamuel, que era un sacerdote oriundo de Galicia. Como desde niño Arenales reveló su vocación por la carrera de las armas, ingresó a los 13 años al Regimiento de Burgos. A continuación, pidió el traslado ultramar y entonces se incorporó al Regimiento Fijo de Infantería (así se escribía por entonces), que tenía seis acantonamientos, a saber: Buenos Aires, Salta, Oruro, Potosí, La Plata (actual Sucre), Puno y La Paz. Coincidentemente, en ese mismo Regimiento Fijo revistó Martín Miguel de Güemes.
El cuarto virrey del Río de la Plata, Nicolás Antonio de Arredondo, en 1794 lo promovió al grado de teniente coronel de milicias provinciales de Buenos Aires y lo destinó a Cochabamba, además de nombrarlo subdelegado del Partido de Arque. El 10 de mayo de 1798 fue designado subdelegado del Partido de Curli (Pilaya y Paspaya), en la provincia de Charcas, y posteriormente, el 18 de diciembre de 1804, pasaba a ocupar el mismo puesto en el partido de Yamparaes, en la Intendencia de Charcas. En estos puestos administrativos, Arenales desplegó su mayor celo en la imparcial aplicación de la justicia, “especialmente en la protección de los indígenas, de cuya suerte se demostró muy especialmente solícito, por ser los más oprimidos”. A la vez, fue relacionándose con distintos jefes y dirigentes altoperuanos que comenzaban a alzar sus voces en contra del férreo dominio español.
Fue así que el 25 de mayo de 1809 se produjo en la ciudad de Chuquisaca una rebelión contra su presidente Ramón García Pizarro, al grito de “¡Muera Fernando VII! ¡Mueran los chapetones!”, deponiéndolo en sus funciones. Arenales tuvo una participación activa en este movimiento, pues había comenzado a intervenir activamente en la empresa emancipadora, que en esta parte de América tuvo su primer grito en Chuquisaca, Cochabamba y La Paz. Esto significó que los revolucionarios lo encumbrasen y lo designaran comandante general de armas, lo cual enfureció a las autoridades españolas, dado que se había erigido en el jefe de las fuerzas rebeldes. Recordemos que un fragmento de la letra original del Himno Nacional Argentino dice: “¿No los veis sobre México y Quito arrojarse con saña tenaz? ¿Y cuál lloran bañados en sangre Potosí, Cochabamba y La Paz?”
Vicente López, el autor de la letra, había quedado impactado por todos estos movimientos previos a la Revolución del 25 de Mayo de 1810. La represión del movimiento insurreccional al rey de España estuvo comandada por los mariscales Vicente Nieto y Juan Manuel Goyeneche, quienes apresaron a Arenales y lo deportaron enviándolo al Fuerte del Callao, en cuyas casamatas permaneció por más de seis meses y estuvo a punto de ser fusilado en al menos dos oportunidades. Además, se le habían confiscado todos sus bienes. Hábilmente consiguió fugarse de sus captores y emprendió un largo camino hacia el sur, vestido como un mendigo y prácticamente sin sustento ni dinero. Le tocó presenciar el desbande después del Desastre de Huaqui, donde las tropas españolas pulverizaron a las armas patriotas el 20 de junio de 1811, y regresó finalmente a la ciudad de Salta, donde años antes, y de paso hacia el Alto Perú (actual Estado Plurinacional de Bolivia), había conocido a María Serafina Hoyos y Torres, con quien se había desposado.
Arenales fundó su residencia en la actual casa que funge como Museo Uriburu, sita en la calle Caseros 417 (antiguamente calle del Comercio). Dicho sea de paso, Arenales es el abuelo del presidente José Evaristo Uriburu, cuya madre, María Josefa Arenales, era hija del prócer.
Por un tiempo se dedicó a las tareas rurales, para las cuales también era diestro, y fundó el establecimiento “Pampa Grande”, que existe hasta la fecha en el departamento de Guachipas, en la provincia de Salta. Y entonces llegó la Primera Invasión Realista a Salta, al mando del arequipeño al servicio de España, Pío Tristán, quien había conocido a Manuel Belgrano en España. Tristán descendió por las gargantas de la Quebrada de Humahuaca, sitió Jujuy, hizo lo propio con Salta y apresó a Arenales, y se dirigió a Tucumán, donde fue vencido por Belgrano el 24 de septiembre de 1812. Al retroceder hacia Salta, y en un momento de confusión, Arenales, previo amotinarse contra Tristán, aprovechó otra vez para escaparse de sus carceleros y fue a ponerse a las órdenes del Creador de la Bandera, quien lo designó jefe del Estado Mayor por su compromiso con la causa de la Patria, pero no le permitió combatir en la Batalla de Salta, porque aún no tenía ciudadanía.
Como estaba reunida la Asamblea General Constituyente, Arenales inmediatamente solicitó su carta de nacionalidad a las autoridades de Buenos Aires, quienes decidieron concedérsela en el acto. Por indicación de Belgrano fue ascendido a coronel y, luego de participar en las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, quedó aislado en Cochabamba y entonces comenzó su fama de soldado aguerrido e irreductible, porque con el concurso de los jefes de las republiquetas altoperuanas se convirtió en un referente clave.
Mitre, en su Historia de San Martín, dice de Arenales: “Solo hombres del temple de Arenales y de Warnes podrían encargarse de la desesperada empresa de mantener vivo el fuego de la insurrección en las montañas del Alto Perú, después de tan grandes desastres, quedando completamente abandonados en medio de un ejército fuerte y victorioso y sin contar con más recursos que la decisión de las poblaciones inermes y campos devastados por la guerra”. La fuerza que organizó no pasaba de 200 hombres, con los que emprendió una marcha hacia Santa Cruz de la Sierra, a través de fuerzas realistas que lo quintuplicaban, a los cuales arrolló en todos los encuentros que tuvo con ellos; motivo que inflamó el ardor marcial y retempló las fibras patrióticas de sus subordinados.
Su hora más gloriosa llegó en la Batalla de La Florida, el 25 de mayo de 1814, donde con 300 hombres superó a la fuerza realista al mando del coronel Blanco, que lo triplicaba en efectivos.
“Aún no habían cesado los cantos del triunfo —dice Pedro De Angelis— cuando el coronel Arenales, que se había separado momentáneamente de sus tropas, avanzándose en persecución de los prófugos, se vio en la precisión de defender su vida contra once soldados enemigos, que lo acechaban para lavar en su sangre la afrenta de sus compañeros…”.
El entonces Director Supremo, Gervasio Antonio Posadas, dispuso ascenderlo a coronel efectivo, lo nombró gobernador de Cochabamba y ordenó que todas las ciudades principales de las Provincias Unidas del Río de la Plata debían poner a una de sus calles el nombre de La Florida. Luego vinieron los combates de San Pedro, Postrer Valle, Suipacha, Quillacollo, Vinto, Sipe-Sipe, Totora y Santiago de Cotagaita, entre otros, donde en condiciones absolutamente desiguales derrotó a los realistas. Tras dieciocho meses de épica lucha, Arenales se incorporó al ejército patriota al mando del general José Rondeau, quien lo nombró comandante general de las tropas del interior. Posteriormente fue promovido a coronel mayor el 16 de septiembre de 1815. Luego de la derrota de Sipe-Sipe, se replegó a Tucumán, donde fue absuelto de todo cargo por un tribunal militar presidido por Manuel Belgrano.
Más tarde se puso a las órdenes de José de San Martín. En 1820 desembarcó en Pisco y recibió el mando de una división que protagonizó la célebre campaña de la Sierra y obtuvo la victoria del Cerro de Pasco. Por sus triunfos recibió múltiples distinciones en Perú, Chile y las Provincias Unidas.
Finalmente regresó al norte argentino. Fue gobernador de Salta en 1823 y participó en los últimos episodios de la guerra de la Independencia. Falleció en Moraya (Bolivia) el 4 de diciembre de 1831, víctima de una infección en la garganta.
Arenales fue el fundador de la Policía de la Provincia de Salta. Sin embargo, ningún organismo policial lleva su nombre. Sus restos fueron repatriados y hoy descansan en el Panteón de las Glorias del Norte. Pero esa ya es otra historia.
Fuente de la Información: El Once TV