Parte de Batalla III: 21 de febrero de 1813
18/02/2026. Análisis y Reflexiones > Análisis y Reflexiones
Muchas cosas sucedieron aquel 21 de febrero de 1813. Por lo pronto el Cabildo, reinstalado, eligió gobernador intendente a Manuel Belgrano quien declinó en el acto esa designación y en su lugar propuso a Esteban Gascón.
Se inició un período de Salta de gran inestabilidad política, debido a que desde que fue depuesto el último gobernante realista, Nicolás severo de isasmendi hasta que asumió el mando gubernativo Martín Miguel de Güemes y perduró seis años, desde el 6 de mayo de 1815 al 17 de junio de 1821, con algunas interrupciones, veintiún gobernadores se sucedieron en Salta. Ellos fueron: Feliciano Chiclana (23 de agosto al 24 de septiembre de 1810; Tomás de Allende( 14 de diciembre de 1810 al 10 de julio de 1811); Juan Martín de Pueyrredón (11 de julio al 14 de septiembre de 1811); Pedro José Saravia (14 de septiembre de 1811 al 29 de enero de 1812); Domingo García (29 de enero al 10 de marzo de 1812); Manuel Ramos (10 de marzo al 22 de agosto de 1812); José Tirado (22 de agosto al 11 de septiembre de 1812); el coronel español José Márquez de Plata - con motivo de la primera invasión realista que sitió Salta - (11 de septiembre de 1812 al 19 de febrero de 1813); Manuel Belgrano (20 de febrero de 1813); Esteban Gascón (21 de de febrero al 13 de marzo de 1813) y sigue la nómina hasta llegar a Güemes, lo cual trataremos en otra oportunidad. Se da la curiosidad que después de la Revolución de Mayo de 1810 Salta volvió a tener gobernadores realistas.
Es decir que, apenas despuntó el alba del 21 de febrero de 1813 y mientras se aún se escuchaban los ayes de los heridos en el campo de batalla, se sepultaba a los caídos, se eligió también nuevo gobernador; además Belgrano hizo rezar un Te Deum en la Iglesia de San Francisco, en virtud de que la Iglesia matriz y la de los Monjes mercedarios fungían como hospitales de guerra luego de la cruenta batalla. Se produjo otro hecho olvidado por la historiografía local, Belgrano bautizó a la vieja calle de Yocsi, actual calle España como calle de la Victoria en honor al triunfo del 20 de febrero. Así se llamó esa arteria de la ciudad, desde el 21 de febrero de 1813 hasta el año de 1900, otros dicen hasta 1872, lo cierto es que justamente una vía pública bautizada por el Creador de la Bandera conmemorando la Batalla de Salta se eligió ponerle el nombre de España. Curiosidades de nuestra historia.
Además, doscientos años más tarde, surgen nuevos interrogantes sobre una decisión de Belgrano, cuyo episodio cúlmine probablemente haya sido el triunfo obtenido en la Batalla de Salta. Hasta ese momento, es probable que el Creador de la Bandera nunca hubiera pensado, por su profesión de abogado y su actuación política previa, ser el jefe de un ejército victorioso que lograría derrotar en uno de los combates épicamente más significativos y resonantes de la Guerra de la Independencia. A tal punto lo fue, que uno de los máximos estrategas de la historia militar argentina, como el general José María Paz, sostuvo que de haberse proseguido la marcha en vez de detenerse, Belgrano probablemente hubiera llegado a las márgenes del río Desaguadero, por aquel entonces el límite entre los virreinatos del Río de la Plata y el del Perú. ¿Qué detuvo a Belgrano a seguir su paso triunfal? Nunca se sabrá con exactitud, sino por meras conjeturas, lo cierto es que al triunfo categórico y decisivo de Salta, meses más tarde le siguieron los desastres de Vilcapugio y Ayohuma. A veces las pausas y las demoras en la acción, tornan el triunfo en fracaso. Mutan el éxito en derrota. Manuel Belgrano era un hombre místico, de profundas convicciones religiosas; convencido hasta el paroxismo del valor de la palabra empeñada y del cumplimiento de los pactos y de los compromisos asumidos. Tanto es así que hizo plantar una cruz en homenaje a los caídos en combate, que hoy se conserva en la iglesia de San Juan Bautista de la Merced.
El jefe enemigo al que derrotó en Salta era el arequipeño Juan Pío Tristán y Moscoso, popularmente conocido como Pío Tristán. Un personaje cuya biografía lo muestra para la historia como un ser advenedizo, avaro con el dinero y ubicuo en sus posturas políticas. Belgrano en las vísperas al combate lo exhortó a que reflexionara por su sangre americana, a que no se derramase sangre entre hermanos. Tristán fue trocando de la lealtad al rey de España hasta erigirse en una opinión consultada del Perú republicano e independiente. A diferencia de Belgrano que murió prácticamente indigente, Tristán amasó una incalculable fortuna, muy bien descripta por su sobrina Flora Tristán en un libro memorable denominado "Peregrinaciones de una paria". Allí la autora traza con inigualable maestría la personalidad y el perfil de su tío, el perjuro y derrotado en Salta. Al leer el libro de Flora, se forja claramente la imagen de quien luchara en estas tierras, sus caracteres principales y su falta de autocrítica. Tristán tardó años en reconocer los bienes que le correspondían a su sobrina.
Ahora bien, contra la opinión de su oficialidad más granada, como el propio Paz y Eustaquio Díaz Vélez o Cornelio Zelaya, que le aconsejaron seguir batallando y no darle tregua, Belgrano le ofreció unas capitulaciones a Tristán, en las cuales el arequipeño se comprometía a que jamás empuñaría las armas en contra de los patriotas. El jefe patriota proclamó que "no había vencedores ni vencidos". Una frase que años más tardes tendría hondas repercusiones en la historia argentina. Por su parte, Tristán, pronto conseguiría la absolución de un obispo, que le dijo que ese pacto no tenía ningún valor, porque había sido firmado bajo presión. Es decir, no tuvo el menor empacho en romper su juramento ni incumplir con lo que había pactado. Adujo que en realidad había comisionado a un subordinado a que estampara la firma y el no había acudido personalmente. El gesto lo pinta de cuerpo entero.
Un enigma en la historiografía es por qué en Tucumán y Salta no se presentó como jefe de las fuerzas españolas José Manuel Goyeneche, a quien la Junta Central de Sevilla y el virrey del Perú, Fernando de Abacal, el marqués de la Concordia, le habían encomendado el comando. Esto significó el ocaso de Goyeneche, quien había sido nombrado marqués de Guaquí o Huaqui, por su resonante triunfo ante las fuerzas patriotas. Claramente el virrey Abascal consideraba que Tristán no debía haber sido el jefe español para la ocasión. Debe recordarse que luego del triunfo de Salta, Belgrano ofreció un baile al que fue invitado Tristán, con quien había sido condiscípulo en la Universidad de Salamanca y tenían una relación cordial. Tristán aceptó gustoso participar del convite. Dos personalidades tan opuestas, tuvieron dos destinos abismalmente diferentes. Para los tiempos Belgrano quedó como un prócer que encarnó valores cívicos profundos y ejemplares, el desprendimiento material más la abnegada aceptación de cualquier sacrificio que le demandara la causa de la Patria; por el contrario Tristán fue recordado como un perjuro, codicioso, de desmedida ambición política y económica, que le permitió ser un tránsfuga de un bando a otro sin ruborizarse. Pero esa ya es otra historia.