Parte de la Batalla: 19 de febrero de 1813
04/02/2026. Análisis y Reflexiones > Análisis y Reflexiones
Desde septiembre de 1812 hasta febrero de 1813 habían transcurrido cinco meses, en los cuales las cavilaciones habían asaltado al seno del poder.
Desde septiembre de 1812 hasta febrero de 1813 habían transcurrido cinco meses, en los cuales las cavilaciones habían asaltado al seno del poder. Recordemos que el primer triunvirato de Chiclana, Sarratea y Paso había caído con la asonada del 8 de octubre de 1812 y se había opuesto a la Batalla de Tucumán, querían que Belgrano retrogradase a Córdoba. Por la influencia del tucumano Bernabé Aráoz, el Creador de la Bandera decidió plantarse y vencer. Sus tropas necesitaban muchos más recursos para obtener un nuevo enfrentamiento y mucho más sabiendo que los realistas habían estado al punto de derrotarlo en el Campo de las Carreras. Sin embargo, en una decisión que hasta la fecha resulta inexplicable, Pío Tristán al anochecer del 24 de septiembre de 1812 decidió retroceder a Salta.
El 13 de febrero de 1813, Belgrano hizo jurar la enseña nacional a orillas del Río Pasaje que desde entonces pasó a llamarse Juramento. Era difícil vadearlo en plena época estival dado su fuerte caudal. A su vez Tristán había llegado a Salta en octubre de 1812, había retomado el ejercicio del poder y desinado gobernador a José Márquez de la Plata. En febrero de 1813, el jefe de la Primera Invasión Realista a Salta se anotició que una de las partidas adelantadas de Belgrano había sido vista por El Portezuelo, razón por la cual decidió artillar y reforzar la zona porque tratándose de una angostura caviló que las fuerzas patriotas no podrían atravesarla. Era la entrada a la ciudad y por donde surcaba el Camino Real.
Mientras tanto el Ejército Auxiliar del Perú, al mando de Belgrano se aproximaba a la ciudad y entonces hubo una intervención providencial del capitán salteño Apolinario Saravia, quien percatándose de las baterías realistas, le recomendó torcer hacia la derecha por el camino que conducía a la Hacienda de Castañares, propiedad de su padre, el viejo guerrero Pedro José Saravia. Belgrano aceptó rápidamente la sugerencia y entonces sus huestes enfilaron por un escarpado desfiladero que comenzaba en La Lagunilla y concluía en la Quebrada de Burgos. Al llegar a la casona Belgrano se encontraba enfermo, vomitó sangre y tenía fiebre. Pensó que le resultaría imposible presentarse al frente de sus tropas al día siguiente. Era el anochecer del viernes 19 de febrero de 1813 y una pertinaz llovizna los había empapado durante el trayecto. No obstante, dispuso que la tropa se alimentara, acampase y dio la orden que antes del amanecer debía formar en posición de combate. El jefe de estado mayor era Eustoquio Díaz Vélez.
Mientras estos sucedía en el bando patriota, Pío Tristán que por sobre todo era un bon vivant se había alojado en la cómoda residencia de doña Liberata Costas de Gasteaburu, que estaba ubicada frente a la entonces Plaza de Armas[1], quien en las próximas cuatro invasiones hospedaría a los jefes realistas. Era una de las principales construcciones e la ciudad. El sábado 20 de febrero, amaneció plomizo, con un cielo amenazador. La ciudad no estaba libre de miedo. En ese tiempo, Salta era una aldea poblada por un poco más de once mil almas. La batalla se daría en la parte norte donde se entrecruzaban la zanja de El Huayco, que corría torrentosa, con otra más al sur de la ciudad, que era un caudaloso madrejón, donde actualmente corre de oeste a este la Avenida entre Ríos. En medio de esos dos cauces naturales estaba el Campo de las Carretas. Pero esa es otra historia que continuara en los próximos dos relatos.
[1] Actual Plaza 9 de Julio. Se encontraba en donde se erige la estatua del Cuchi Leguizamón y el Bar el Farito sobre la calle Caseros, por ese entonces llamada del Comercio.