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18/03/2026. Análisis y Reflexiones > Análisis y Reflexiones
El golpe del 24 de marzo de 1976 no tomó por sorpresa a la ciudad de Salta. Todo lo contrario. El clima de época había comenzado meses antes, más precisamente a las siete y media de la mañana del 18 de diciembre de 1975
El clima de época había comenzado meses antes, más precisamente a las siete y media de la mañana del 18 de diciembre de 1975, cuando por orden del brigadier Jsesús Orlando Capellini, un reconocido integrista católico opuesto a la llamada ala liberal de las Fuerzas Armadas los comodoros Edgardo Cáceres, Luis Estrella, Athos Gandolfi y Agustín de la Vega detuvieron al entonces comandante en jefe de la Fuerza Aérea, brigadier general Héctor Luis Fautario junto a los brigadieres Francisco Cabrera, Roberto Donato Bortot y Rubén Bonoris cuando se encontraban por realizar un viaje a Córdoba. Fautario fue encerrado en una habitación sin custodia en el Taller Regional de Quilmes y sus subordinados también detenidos fueron llevados a Morón. Fautario, se había manifestado dentro del consejo de brigadieres como respetuosos del orden legal. Esta asonada fue la consecuencia de la declinación de Italo Argentino Luder en asumir la presidencia de la Nación, a la que había asumido interinamente poco antes, a raíz de una licencia forzada de la presidenta en ejercicio María Estela Martínez de Perón. Desde entonces hasta el 24 de marzo, los rumores de golpe de estado eran prácticamente diarios. Asimismo, asumió Orlando Razón Agosti en reemplazo del destituido Fautario y se conformó la tríada que luego formaría la Junta Militar que asaltaría el poder constituido, integrada por el general Jorge Rafael Videla, que meses antes había reemplazado al general Alberto Numa Laplane; el almirante Emilio Eduardo Massera – el más antiguo de los tres, pues había sido designado por el presidente Juan Domingo Perón, el 6 de diciembre de 1973 en remplazo del almirante Carlos Alberto Álvarez - y el brigadier Orlando Ramón Agosti. Con la asunción de Agosti comenzó el tiempo de descuento.
En Salta ocurrieron varias cosas, que contribuyeron a que se adelantase la militarización del sistema. En efecto, el gobernador Miguel Ragone, quien había sido electo en los comicios del 11 de marzo de 1973 integrando fórmula con el sindicalista Olivio Ríos, luego de un turbulento período de gobierno que incluyó destitución de ministros por su vicegobernador en una oportunidad en que viajó a Buenos Aires más la toma de la Casa de gobierno, por aquel tiempo en Mitre 23; además de la división de la CGT y la violencia política, fue intervenido el 23 de noviembre de 1974 inmediatamente después de concluido el Congreso Eucarístico Nacional, donde la viuda de Perón se negó a saludarlo e instigada por el ministro del interior. Este episodio fue un punto de inflexión en la política salteña. Máxime cuando se decidió militarizar la seguridad en la Provincia, asumiendo la jefatura de policía el coronel en actividad Miguel Raúl Gentil. Los interventores federales comenzaron en sucederse. El primero fue el cordobés José Alejandro Mosquera, Jorge Aranda Huerta, Ferdinando Pedrini, Dante Lovaglio y René Saúl Orsi. El interventor Orsi había asumido el 1 de marzo de 1976, fue un prestigioso jurista y docente, quien minutos antes de las seis de la mañana fue informado personalmente por su guardia personal que había cesado en sus funciones.
A esa misma hora, la Casa de Gobierno tenía apostado en su frente cuatro tanquetas artilladas y en el centro de Salta había un importante desplazamiento de tropas. Frente al juez federal de Salta y el arzobispo, el coronel Carlos Alberto Mulhall asumió el poder autodesignándose interventor militar hasta tanto la superioridad dispusiese lo contrario. Estuvo al mando de la Provincia hasta el 22 de abril de ese año en que lo sucedió el capitán de navío Héctor Damián Gadea. Un episodio digno de destacarse de aquel día fue lo que sucedió con dos de los jueces de la Corte de Justicia de Salta. El Dr. Ricardo Alfredo Reimundín, como hacía diariamente, se presentó a trabajar el viejo edificio de Sarmiento y Belgrano a las ocho en punto de la mañana. No sólo no se le permitió el ingreso, sino que se le requirió su carnet que lo acreditaba como magistrado. A su vez, al Dr. Roberto Frías, directamente no se le permitió salir de su domicilio y se le indicó que esperase nuevas instrucciones, situación que duró varios meses más. Hay que recordar que al juez Farat Sire Salim, le habían dinamitado su casa particular, sin que afortunadamente se produjeran víctimas, y siendo magistrado en ejercicio se lo detuvo sin ser siquiera destituido en 1975 y luego de estar preso en la cárcel de Villa Devoto, debió soportar nueve años de exilio. Pero esa ya es otra historia.