Retrato de un salteño ilustre
22/04/2026. Análisis y Reflexiones > Análisis y Reflexiones
Recordando al Dr. Arturo Oñativia
Cada 16 de abril cuando se rememora un nuevo aniversario de la fundación de la ciudad de Salta, se pasa por alto el día del médico salteño. Ese mismo día, pero de 1914 nació en Salta el Dr. Arturo Oñativia y por ello también a nivel nacional se conmemora en esa fecha el Día del Médico Endocrinólogo, un reconocimiento absolutamente justo a la trayectoria de un investigador infatigable, merced a cuya tenacidad e inteligencia la enfermedad de Bocio fue erradicada en nuestro país. Era hijo de José María Oñativia y de Delicia Moreno Boedo. Esta última descendiente de Mariano Boedo, quien fuera diputado por Salta al congreso que declaró la Independencia Argentina. El suyo es un apellido de origen vasco que significa vado al pie del monte. Una metáfora de lo que fue su vida, edificada en base a sacrificio y constancia, lo cual le permitió avanzar paso a paso en virtud del mérito personal Fue Oñativia quien impulsó la sanción de la ley que dispuso la inclusión de yodo en la sal, de tal suerte que añadiendo ese mineral se derrotó a un mal endémico en la región. Resumía en su personalidad la bonhomía, la caballerosidad y un enorme bagaje intelectual. A la vez conjugaba una gran sencillez con el trato afable. Supo unir con destreza y patriotismo sus dos vocaciones de servicio: la medicina y la militancia política en la Unión Cívica Radical.
Cursó sus estudios primarios y secundarios en Salta, egresando como bachiller del Colegio Nacional en el año 1932. Sus estudios universitarios lo tuvieron como destacado alumno de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de la Ciudad de Buenos Aires, obteniendo el título de Doctor en Medicina en el año 1940, con calificación sobresaliente. Su tesis versó sobre: “Estudio Clínico del Síndrome Adiposo Genital” Fue médico concurrente en el Servicio de Clínica Médica del Profesor Dr. José W. Tobías, en la sala VII del Hospital Torcuato de Alvear y luego Médico Asistente desde 1941 a 1943. Concurrió posteriormente a la sección Endocrinología del Instituto de Semiología Dr. Gregorio Aráoz Alfaro, en el Hospital Nacional de Clínicas. En 1942 ganó un concurso de título y antecedentes para cubrir el cargo de médico Asistente en la especialidad de Endocrinología en la sala XVII del Hospital Rivadavia, bajo la jefatura del Profesor Dr. Enrique del Castillo. En este servicio llegó a Jefe de Clínica. Para completar su especialización realizó cursos de post-grado bajo la dirección del mismo docente. Durante su permanencia en Buenos Aires, ejerció la medicina privada en la Clínica Marini, en la especialidad Endocrinología y Nutrición, donde fue jefe de Clínica[1]. Desde aquel entonces y pese a que militaban en sectores políticos opuestos, Oñativia compartió la mirada de la medicina social del Dr. Ramón S. Carrillo[2].
Como investigador fue un observador objetivo, sistemático, tenaz y perseverante, realizó numerosos trabajos, en total realizó 32 publicaciones de revistas nacionales y extranjeras. Las comunicaciones en congresos, jornadas, reuniones científicas fueron numerosas, imposibles de detallar en este recordatorio. Realizó traducciones de libro de la especialidad y participó con otros autores en la redacción de libros de Endocrinología. A la par de ello, se fue erigiendo en formador de formadores, su pasión por la medicina hizo a su alrededor se fueran forjando numerosos discípulos que bajo su impronta y conocimientos médicos y humanos, hicieran de la ciencia médica una razón de vivir. Así fue que después de ejercer la profesión durante 15 años en la ciudad de Buenos Aires, fue transferido en el año 1955 al Centro Sanitario de la Delegación Sanitaria Federal de la ciudad de Salta, en calidad de Jefe de Clínica y en 1957 como Delegado, cargo al que renunció en 1958. En Salta comenzó la gran tarea que venía madurando en el transcurso de su formación profesional: la creación y organización del Instituto del Bocio. Su objetivo era controlar la endemia Bocio Cretínica que afectaba a gran parte de la población de la región pre-cordillerana argentina, muy especialmente el NOA. Las encuestas realizadas en la provincia de Salta ponía de manifiesto una prevalencia del 41% en los niños es edad escolar, en tanto en el valle de Lerma la misma ascendía al 100% de los niños. El Cretinismo era frecuente, no había pueblo o localidad que no contara con algún célebre representante. Esta endemia afectaba el potencial psico-intelectual y desde luego la capacidad de desarrollo económico-social de cuan extensa región argentina. Y en ese afán resultó ser el creador del instituto del Bocio. A nivel país, esa institución fue un modelo de organización y gestión hospitalaria, como también de investigaciones médicas que surgían de la cotidianeidad del ejercicio profesional. Para la visión de Arturo Oñativia, nadie podía ejercer el arte de curar sin previamente investigar. De algún modo era un consumado semiólogo. El Instituto del Bocio se llamó luego de Endocrinología, posteriormente de patología Regional y actualmente en su memoria: Arturo Oñativia.
El Instituto del Bocio, funcionó en un primer tiempo en un ala del Policlínico Regional San Bernardo, fue inaugurado oficialmente el 19 de febrero de 1958, y previo concurso de títulos, antecedentes y trabajos, se nombró al Dr. Arturo Oñativia como su director. En el aspecto docente concretó la firma de un convenio con la Universidad de Tucumán, con la que desarrolló una intensa actividad científica, de investigación y de formación de recursos humanos, ocupando en octubre de 1960 el cargo de Director del Instituto en la Facultad de Medicina de Tucumán. Cabe señalar que este cargo de Director al que accedió el Dr. Oñativia, fue concursado ante tribunales de esa Universidad. Los principales cargos de jefatura fueron cubiertos por el mismo método. En realidad fueron dos los Institutos de Endocrinología que funcionaban juntos, en el mismo edificio, con el mismo director e idénticos profesionales médicos: uno, provincial, se ocupaba de la profilaxis y de la asistencia social de la comunidad y de la atención médico quirúrgica de los enfermos de la endemia bocio-cretínica; el otro, universitario, se dedicaba a la docencia y a la investigación de dicho padecimiento. En la institución se realizaba anualmente un curso de post-grado en Endocrinología, a los que asistían alumnos del último año de la carrera de Medicina.
Militó activamente en la política desde las filas de la Unión Cívica Radical, ocupando importantes cargos directivos, inclusive la presidencia del partido en Salta; siendo además postulado a distintos cargos electivos y, al de Gobernador. En esas elecciones de 1962 no aceptó la designación de Senador Nacional con que había resuelto ungirlo la Legislatura Provincial; pero, en octubre de 1963, el Presidente de la Nación, Dr. Arturo Umberto Illia, en mérito a sus antecedentes profesionales, lo llama a colaborar en su gabinete de gobierno desde el cargo de Ministro de Asistencia Social y Salud Pública de la Nación. Como Ministro completó su tarea en lo que hace a la prevención del Bocio Endémico, con la Ley Nacional de Iodación de la Sal de Consumo Doméstico que logró prácticamente la erradicación de la endemia bociosa. Con esta ley, se reglamentó el enriquecimiento de la sal con yodo para uso alimentario humano y animal. Esta ley se fundamentó en estudios realizados en diferentes provincias, como Catamarca, Chaco, Formosa, Jujuy, La Pampa, La Rioja, Mendoza, Misiones, Neuquén, San Juan, San Luis, Salta, Tucumán y Tierra del Fuego, en las que el índice de bocio oscilaba entre el 12 y el 50 por ciento. También se consideró el uso de sal enriquecida para la alimentación animal, ya que al tener la carne un muy alto consumo en nuestro país, era bueno que la sal enriquecida llegar al ser humano a través de esa vía. Además, se detectó que en el ganado lanar, vacuno y porcino, la carencia de yodo alteraba su reproducción y su pelaje, acarreando consecuencias adversas incluso desde el punto de vista económico. Con esto dio cabal cumplimiento a los objetivos que se propuso lograr en ese campo.
Su gestión al frente del Ministerio Nacional se caracterizó por la intensa actividad realizada para el desarrollo y mejora de la salud Pública, entre las que merecen citarse: la reforma del Sistema Hospitalario Nacional tal como Ley de Hospitales de Comunidad. En ese régimen funcionaron los Hospitales Nacionales de Gonet y de Mar del Plata que fueron un ejemplo de organización hasta mucho después de su gestión. La creación del Servicio Nacional de Agua Potable destinado a la provisión de este elemento vital a las comunidades rurales. La Ley de medicamentos 16.462 y 16.463 (Ley Oñativia) de 1964, restableció una política de precios y de control de medicamentos y receta según medicamento genérico, fijaba límites para los gastos de publicidad, y a los pagos al exterior en concepto de regalías y de compra de insumos. Esta ley, calificada de comunista por los sectores militares y las grandes empresas extranjeras, tuvo un peso decisivo en el proceso que culminaría con el Golpe militar que derrocó al gobierno democrático de Illia el 28 de junio de 1966. Una de las primeras medidas de los golpistas fue la anulación de esta Ley. La escuela de Salud Pública de la Universidad de Buenos Aires recibió un fuerte impulso durante su gestión lo que la consolidó y permitió la formación de toda una generación de Sanitaristas argentinos y extranjeros. Su tarea como Ministro de la Nación fue amplia, extensa y profunda, respetada por sus adversarios políticos.
Su gestión puede definirse no sólo como un acto inconmensurable de servicio a la Nación, sino además un ejemplo de austeridad republicana, pues cuando lo derrocaron a Illia, regresó a Salta sin tener dinero. Era el año 1966 y antes de volver, Bernardo Houssay - Premio Nobel de medicina de 1947 - le pidió que meditara y se quedara en Buenos Aires. No era Houssay un hombre de elogio fácil y menos de reconocimientos de esas características. Siempre se sostuvo que la Ley de medicamentos no sólo fue un acto de soberanía sino la causal principal por la que el presidente Illia fue depuesto. La ley había tocado demasiados intereses espurios. Bajo la dictadura, fue dejado cesante como director del Instituto del Bocio. Lejos de arredrarse, dirigió su atención a la grave desnutrición infantil que asolaba el Noroeste y era causa importante de morbimortalidad infantil, asociada con la infección.
Creó el Instituto de Investigación en Enfermedades Nutricionales, la carrera de Licenciatura en Nutrición, y la de Enfermería Universitaria.
Entre los premios más destacados que recibió se destacan: el otorgado por la Sociedad de Medicina Interna de Buenos Aires al mejor trabajo científico realizado en 1954; el premio Mariano Castex entregado por la Academia Nacional de Medicina en 1970; el premio Essex de la Sociedad Argentina de Progresos en Medicina Interna en 1975; el Premio al Mérito Distinguido del Círculo Médico de Salta en 1984; la Medalla de Oro otorgada por el Servicio Nacional de Agua Potable(SNAP) al cumplirse los veinte años de su creación. También la Fundación Konex le entregó en diploma de Honor y el Konex de platino en 1983, en la especialidad de bromatología. Fue miembro de la Academia de Medicina de Córdoba y de la Academia Nacional de Medicina. En 1983 cuando se aprestaba a competir en las elecciones de octubre como candidato a gobernador por Salta, súbitamente se enfermó y renunció a su postulación. Tenía grandes posibilidades de haberse alzado con el triunfo. En su lugar la Unión Cívica Radical ungió a la fórmula Bernardo Solá - Ricardo Reimundín, que obtuvo el segundo lugar en los comicios del 30 de octubre, con el 29,33% de los sufragios. Murió el 1° de abril de 1985 ¿Qué hubiese pasado sido Oñativia hubiese sido candidato? es un enorme interrogante que nunca podrá ser develado. Pero esa ya es otra historia.
[1] Dado que su obra está debidamente condensada y explicada e su biografía publicada por el Hospital Dr. Arturo Oñativia, en https://www.hospitalonativia.gob.ar, se reproduce gran parte en este artículo.
[2] Este dato me fue proporcionado por su sobrino nieto Oscar Oñativia, a quien agradezco especialmente.