Amenazas en escuelas: cuando la violencia deja de ser un hecho aislado y se convierte en un síntoma social
23/04/2026. Análisis y Reflexiones > Análisis y Reflexiones
Abel Cornejo, columnista del Once.tv, analizó el encuadre legal de la intimidación pública y advirtió que la seguidilla de amenazas en escuelas refleja una problemática social más profunda.
La seguidilla de amenazas en establecimientos educativos de Salta encendió una alarma que ya no puede leerse solo desde lo policial. Lo que ocurre en las aulas —pintadas intimidatorias, mensajes violentos, incluso la aparición de proyectiles— obliga a ir más allá del hecho puntual y preguntarse qué está pasando como sociedad. En una columna emitida en la edición central de El Once TV, el análisis puso el foco en el concepto de intimidación pública y su encuadre legal, pero también en algo más profundo: el deterioro del tejido social que hoy se refleja en las escuelas.
Desde el punto de vista jurídico, la intimidación pública es un delito contemplado en el artículo 211 del Código Penal, vinculado a acciones que alteran el orden público mediante amenazas o conductas que generan temor colectivo. Sin embargo, también puede encuadrarse como amenazas —artículo 149 bis—, con penas diferentes según el caso. Pero la discusión legal, aunque necesaria, no alcanza por sí sola. Un problema que excede lo penal.
“Esto no es solo un tema penal, es un problema multidisciplinario”, se planteó durante el análisis. La frase resume el punto central: lo que hoy aparece en las escuelas es la manifestación de un fenómeno más amplio, donde la violencia se ha naturalizado en distintos ámbitos de la vida cotidiana. Casos recientes —jóvenes con armas blancas, agresiones entre alumnos, amenazas escritas— muestran que los límites se están corriendo. Y lo más preocupante es que muchas de estas conductas ya no sorprenden como antes. La violencia, en este contexto, deja de ser excepcional para volverse parte del paisaje. La raíz: valores en crisis y vínculos debilitados El diagnóstico apunta a una sociedad donde el individualismo gana terreno sobre lo colectivo, donde el respeto por el otro se debilita y donde el discurso violento encuentra cada vez más espacio. “El problema es que hemos naturalizado la violencia”, se advirtió en la columna, en una reflexión que interpela directamente a la comunidad en su conjunto. A esto se suma el impacto de las nuevas tecnologías, que, si bien son herramientas clave, también pueden profundizar el aislamiento y amplificar discursos agresivos cuando no hay acompañamiento adulto.
La escuela, en el centro de la escena
En este escenario, la escuela aparece como un termómetro social. Docentes que se sienten desbordados, alumnos atravesados por conflictos que exceden lo educativo y familias que muchas veces llegan tarde al problema.
Incluso se abre un debate incómodo pero necesario: ¿prohibir o educar? ¿controlar o acompañar? La respuesta, lejos de ser simple, parece apuntar a un equilibrio donde la formación en valores vuelva a ocupar un lugar central. Un llamado urgente: volver al diálogo Entre diagnósticos y cifras, hay una idea que se repite como una necesidad urgente: reconstruir los vínculos. Volver a hablar con los hijos. Escucharlos. Estar presentes. Porque, como se planteó en la columna, “la violencia engendra violencia”. Y cortar esa cadena no depende solo de la Justicia o de la escuela, sino de una sociedad que debe recuperar el sentido de comunidad. Hoy, más que nunca, el desafío no es solo identificar a los responsables de cada amenaza, sino entender por qué estas situaciones están ocurriendo y qué se puede hacer para que no se repitan. La respuesta, probablemente, no esté en una sola medida. Pero sí empieza por una decisión colectiva: no mirar para otro lado.
Fuente de la Información: El Once TV