De túneles y catacumbas: una antigua leyenda de Salta
03/12/2025. Análisis y Reflexiones > Análisis y Reflexiones
En el imaginario colectivo pervive desde hace mucho tiempo la creencia de que bajo el antiguo casco histórico de la ciudad de Salta, corren túneles y existen catacumbas ¿Es cierta esa leyenda?
Por Abel Cornejo
Efectivamente sí y en una urbe que, entre otros medios, aspira a vivir del turismo debería ser un desafío recuperarlos en plenitud. No debe perderse de vista que en Salta se perdió documentación histórica valiosísima. Ester Carmen López Méndez[1] señala que en tiempos del gobernador español Esteban Urizar y Arespacochaga – cuyo nombre lleva una localidad del departamento de Anta – el cual estuvo al mando gubernativo del entonces vasto territorio del Tucumán a partir de 1701, al que originalmente perteneció Salta desde su fundación hasta 1792 es quien mandó a que se reconstruyeran las reliquias documentales afectadas por los terremotos de septiembre de 1692.
¿Por qué nos referimos a esta fecha tan importante en la historia salteña? Porque en la reconstrucción ordenada por el gobernador Urízar se pudo encontrar un plano del túnel que circulaba desde la calle de La Estrella (actual 20 de febrero) torcía de norte a su hacia la calle del Comercio (actual Caseros) y luego continuaba en línea recta de oeste a este. En su travesía el secreto pasadizo salía desde la iglesia de los Monjes Mercedarios, (actual Escuela Zorrilla) tomaba hacia la vieja iglesia de la Compañía de Jesús que se ubicaba en la esquina de Comercio y Caridad Vieja (actuales Caseros y Mitre), se extendía por los bajos del Cabildo, seguía hacia el templo de San Francisco y desembocaba en su tramo subterráneo más largo en el Hospital de San Andrés de los monjes bethlemitas, que es el actual Convento de San Bernardo. El motivo de que se hiciera el túnel parecería haber sido que los primitivos habitantes de la ciudad tuviesen un lugar secreto en el cual se pudieran refugiar.
Parecería que la construcción de ese túnel se habría iniciado al poco tiempo de la fundación de Salta, el 16 de abril de 1582. Es probable que su edificación haya empezado de este a oeste, es decir desde el pie del cerro de San Bernardo hacia la precordillera salto jujeña, habida cuenta que tanto el Convento de San Bernardo, como la primera de las tres iglesias de San Francisco fueron de los primeros edificios a los que Hernando de Lerma les cedió terreno para su construcción. Llama la atención que nunca se haya mencionado que hubiera un desvío de la galería subterránea hacia la primera iglesia matriz, que fue construida en las esquinas de las actuales calles Zuviría y España. En cambio el tramo franciscano según diferentes versiones estafa intacto a la fecha, pues en sus dos edificaciones anteriores esa iglesia se mantiene en el mismo lugar desde hace más de cuatro siglos.
Según cuenta la página Misioneros Digitales Católicos[2]: la historia de esta casa comienza en el año 1582 cuando Hernando de Lerma, fundador de Salta, junto a Francisco de Victoria, Obispo del Tucumán, le asignaron a fray Bartolomé de la Cruz un solar destinado a la iglesia y convento de San Francisco. De esta manera los frailes comenzaron la construcción de la primera iglesia, en barro y caña. Al poco tiempo, a causa de un movimiento sísmico colapsó, siendo necesario iniciar la construcción de la segunda.
A mediados del siglo XVII el emplazamiento ya estaba en pie y, aunque esta vez se había realizado en madera, la iglesia se consumió tras un feroz incendio. La actual, es la tercera iglesia, construida a partir del 17 de septiembre de 1759, siendo guardián del convento el padre Fray Domingo de Aránzazu. Fue construida con enormes y sólidas paredes de piedra y ladrillo de aproximadamente un metro cincuenta de espesor y mezcla a la cal con techos realizados en bóveda de crucería. Las piedras empleadas fueron movilizadas por frailes y laicos desde el cerro San Bernardo a mula. En el año 1772 la iglesia y parte del convento quedaron totalmente devastados por un gran incendio. Tras esta catástrofe su reconstrucción fue muy lenta, dado que el único ingreso de los padres franciscanos es la caridad. La Iglesia y el convento empiezan a recobrar vida y esperanza con la llegada de los misioneros italianos provenientes de la escuela de Propaganda Fide en el año 1857. De esta época data el decorado y restauración del interior de la Basílica, su llamativo frente que en su friso se traduce dedicado “a Dios óptimo y máximo, a la bienaventurada Madre de Dios Virgen Inmaculada, a San Francisco y a San Diego”. Las imágenes de San Buenaventura, San Severo y La Purísima que se encuentran en la Basílica datan del año 1862.
El 8 de mayo de 1870 se estrenó el interior renovado de la iglesia como se encuentra actualmente y en ese mismo año se comenzó la obra de la fachada. La decoración del frontis, de estilo barroco tardío, fue realizada entre 1870 y 1873. En el año 1915 se construyó el órgano de tubos de viento con materiales italianos, considerado actualmente como el más grande de Sudamérica. En el mismo año se colocaron los pisos de mármol en el templo y en la sacristía. El 14 de julio de 1941 la iglesia fue declarada monumento histórico nacional. El 4 de agosto de 1997 fue declarada Basílica Menor por la Santa Sede. La talla de la imagen de San Pedro de Alcántara más el museo franciscano donde está la picota[1] original con la que se fundó Salta, son reliquias únicas que se custodian en ese sagrario. Ahora bien, según se sabe en los sótanos del templo y en forma paralela al túnel o con salida hacia el pasadizo, existiría una suerte de catacumba que sirvió de cementerio. Allí descansan los restos de Francisco de Gurruchaga (creador de la Armada Nacional), de Francisco “ Pachi” Gorriti (guerrero indómito de la Guerra Gaucha) y los padres del general don Martín Miguel de Güemes: don Gabriel de Güemes Montero y doña María Magdalena Goyechea y de la Corte. Pero esa es otra historia.
[1] La picota era un tronco grueso en forma de poste de casi dos metros de alto por cincuenta centímetros de ancho, en la cual los fundadores de ciudades en la época hispánica clavaban el acta fundacional en señal de obediencia al rey de España y como constancia de que allí se erigiría una nueva urbe.
[1] Las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro, San Pablo, Bs.As, 2005, pag.38.
[2] MDC https://share.google/wFKO28HzkN1MMJA0r
Fuente de la Información: El Once TV