El “alcohol cero” vuelve a la discusión local por la crisis económica, vino y conductores peligrosos
29/01/2026. Noticias sobre Justicia > Noticias de Salta
En el programa ‘Pasaron Cosas’, que conduce la periodista Fedra Aimetta por Canal 10 de Salta, Alejandro Martorell, presidente de Bodegas de Salta, puso sobre la mesa una discusión incómoda: la necesidad de revisar la ley de alcohol cero
En el programa ‘Pasaron Cosas’, que conduce la periodista Fedra Aimetta por Canal 10 de Salta, Alejandro Martorell, presidente de Bodegas de Salta, puso sobre la mesa una discusión incómoda: la necesidad de revisar la ley de alcohol cero que rige en la provincia desde hace una década.
El planteo cayó como una bomba en plena temporada de vendimia y se dispararon todos los debates.
El argumento fue directo, sin rodeos y con un destinatario claro: el turismo. Martorell habló desde un sector golpeado, muy golpeado. “Estamos viviendo una situación complicada, no solo en Salta, sino en todo el país”, describió, y respaldó esa afirmación con números que pintan un escenario crítico: el consumo de vino cayó de 90 litros per cápita en los años 70 a apenas 16 litros actuales; las exportaciones se desplomaron en el último año; y muchas bodegas llegan a esta vendimia con tanques llenos de vino que no lograron vender. La crisis existe. Es real. Pero la pregunta que atraviesa el debate es otra: ¿hasta dónde una ley de seguridad vial, que además es aplicada en otras partes del país, puede o debe ser señalada como responsable del derrumbe del consumo y del turismo?
La carga impositiva y “el vino como alimento”
Martorell fue más allá. Aseguró que el problema no es estructural, pero sí profundamente económico. “Tenemos un nivel impositivo altísimo, alrededor del 62% sobre el vino. Eso no pasa en otros países. En Chile, por ejemplo, es del 40% sumando impuestos nacionales y provinciales”, sostuvo, y planteó que ese esquema fiscal vuelve inviable la exportación. También apuntó contra lo que definió como “campañas contra el alcohol y contra el vino”, y cuestionó la aparición de bebidas alternativas que se venden como saludables. En ese punto, apeló a una defensa histórica y cultural del vino: “El vino es un alimento. Ha salvado muchas vidas. Nada ha matado más gente que el agua no potable, y durante 8.000 años el vino se usó para potabilizar el agua”. La frase no es menor. Coloca al vino en un lugar simbólico, casi identitario, y busca despegarlo del concepto de riesgo. Sin embargo, esa narrativa choca de frente con un principio que hoy resulta difícil de relativizar: el alcohol al volante mata, incluso en pequeñas dosis.
“No es lo mismo una copa que una borrachera”
El punto más polémico llegó cuando Martorell cuestionó directamente la ley de alcohol cero. “Es una ley que ya tiene diez años. Me parece que habría que estudiarla, ver qué pasó con las estadísticas, y aplicar criterios médicos que dicen que con 0,5 se puede conducir perfectamente”, planteó. Y aclaró: “No estoy haciendo una apología de la borrachería. No se puede asimilar a un borracho con alguien que tomó una copa durante una comida”.
Desde su mirada, la normativa afecta de lleno al turismo y a la gastronomía. “Alguien que quiere venir a Salta ve que acá es cero y en Mendoza es 0,5. ¿Qué elige? Basta ver las cifras”, disparó. Incluso habló de un supuesto fin recaudatorio detrás de los controles en los Valles Calchaquíes y Cafayate: turistas que visitan bodegas, prueban dos copas y terminan con el vehículo retenido y el carnet secuestrado, apuntando a la idea de la existencia de “trampas”. La palabra “trampa” no es inocente, instala la idea de persecución, de castigo desmedido, y de un Estado que recauda a costa del turismo. Pero esa lectura omite un dato central: el volante no distingue intenciones, distingue reflejos.
La respuesta oficial: “El riesgo empieza desde la primera gota”
Consultado por Nuevo Diario, el responsable del área de Tránsito de la Municipalidad de Salta, Matías Assennato, reconoció el matiz del planteo, pero fue tajante en la conclusión. “Entiendo perfectamente lo que dice Alejandro Martorell. No es lo mismo una copa en una comida tranquila que emborracharse hasta perder el control. Nadie discute eso. Pero la ley de tolerancia cero no está hecha para castigar al que toma responsablemente; está hecha para que nadie suba al volante con alcohol en sangre, punto”, afirmó. Assennato respaldó su postura en evidencia científica: incluso una sola copa afecta el tiempo de reacción, la percepción de distancias y la capacidad de concentración. “No es una opinión, son estudios serios de la OMS y de organismos de seguridad vial en todo el mundo”, subrayó, y fue más lejos: “Desde que se aplica la tolerancia cero, los siniestros viales con alcohol bajaron. Eso no es casualidad. Son vidas que se salvan y familias que no quedan destrozadas”.
El marco legal salteño
La Ley Provincial 7.846, sancionada en 2014, no deja lugar a interpretaciones ambiguas. Prohíbe conducir habiendo consumido bebida alcohólica en cualquier grado y obliga a todo conductor a someterse a los controles correspondientes. La negativa a realizar la prueba constituye falta grave y habilita la sanción más severa.
Las sanciones económicas no son simbólicas. Se calculan en Unidades Fijas vinculadas al Salario Mínimo, Vital y Móvil, con multas que van de 100 a 1.600 UF, además de retención de licencia, inhabilitación para conducir y, en casos más graves, secuestro del vehículo.
La norma nació como respuesta a años de tragedias viales con alcohol involucrado. No es una abstracción legal: tiene detrás nombres propios, víctimas, familias marcadas para siempre.
Números que no permiten retrocesos
El debate se da, además, en un contexto inquietante. Solo el último fin de semana, la Policía de Salta controló cerca de 17.000 vehículos y detectó 179 conductores alcoholizados. En una provincia con alcohol cero vigente, 179 personas decidieron igual manejar con alcohol en sangre. Ese dato desnuda una realidad incómoda: aun con una ley estricta, los incumplimientos persisten. Pensar en flexibilizar el marco legal cuando los números muestran que el riesgo sigue latente no parece una discusión madura ni responsable.
En redes sociales y campañas de seguridad vial de Argentina y el mundo, el consenso es claro: no existe un nivel “seguro” de alcohol al volante. Países que retrocedieron en controles o relajaron límites volvieron a endurecerlos tras registrar subas en siniestros fatales. La experiencia internacional no avala zonas grises.
Assennato abrió una puerta que no es menor: trabajar en conjunto. Campañas de conductor designado, transporte alternativo para visitantes de bodegas, promoción de un enoturismo responsable. “Podemos sumar fuerzas para cuidar tanto la seguridad vial como el desarrollo del sector”, planteó. Ahí aparece el verdadero desafío: No se trata de enfrentar al vino con la vida, ni al turismo con la seguridad, se trata de asumir que Salta no está preparada, con los números actuales, para retroceder en una ley que costó años de lucha y concientización.
El debate es legítimo, la crisis del sector vitivinícola es real, pero hay fronteras que una sociedad decide no cruzar, y una de ellas es volver a discutir cuánto alcohol se puede tolerar cuando lo que está en juego es llegar vivo a casa. Porque, al final del día, el turismo puede recuperarse, las bodegas pueden reinventarse, las leyes pueden ajustarse, pero las vidas perdidas, no.
Fuente de la Información: Nuevo Diario