Una mujer admirable: doña Manuela González de Todd
11/03/2026. Análisis y Reflexiones > Análisis y Reflexiones
Una calle de la ciudad de Salta que tiene la forma de la letra “L” y corre desde Lavalle hasta Abraham Cornejo recuerda a doña Manuela González Salverri de Todd, una mujer abnegada que hizo de la filantropía y el amor a la gente una forma de vivir
Tal vez nadie sepa porque esa populosa arteria lleve su nombre, ni de quien se trató. A lo mejor la humildad de su carácter y la bondad de sus gestos reflejen hacia los tiempos el retrato de su alma generosa. Manuela González Salverri nació en San Salvador de Jujuy un martes 8 de febrero de 1848. Hija de don Mariano González y de doña María Manuela Salverri. El matrimonio decidió radicarse en Salta y Manuela tuvo otra hermana a la que llamaron Florencia. Estudió en el Colegio de Jesús, el que fuera fundado por Manuela Martínez de Cangas y Tineo y del cual egresaron numerosas alumnas salteñas. El 12 de mayo de 1872 manuela contrajo matrimonio con José María Todd, quien había enviudado de Emilia Gurruchaga, la cual era hija de la patriota Martina Silva y de José Gurruchaga. La novia por entonces tenía 24 años y el novio 64 y tuvieron dos hijos: José maría, quien murió a los 20 años en un accidente en un carruaje volviendo de San Lorenzo y Delfina. José María Todd es quien durante su mandato cedió los atributos de mando para prevenir una posible invasión desde Tucumán a la imagen del Señor del Milagro. Ocupó dos veces el cargo de gobernador: la primera vez, desde el 5 de mayo al 12 de octubre de 1856, sucediendo a Rudecindo Alvarado. La segunda, que es cuando entregó al Cristo los atributos gubernativos, desde el 30 de agosto de 1861 hasta el 19 de marzo de 1862. La primera vez lo sucedió el general Dionisio Puch. La segunda Anselmo Rojo.
Ahora bien, Manuela luego de enviudad se dedicó de lleno a la beneficencia, tanto de huérfanos como de personas sin recursos. Atendió a enfermos y se multiplicó en esfuerzos para mejorar vidas en condiciones miserables. Pronto alcanzó un gran reconocimiento a la abnegación y dedicación con la que emprendió la tarea de benefactora, porque su carácter amable y dulce hacía que dispense un trato bondadoso y amable que es como perduró en su tiempo. La Sociedad de Beneficencia de Salta fue una institución señera, a la cual ingresó en 1873 y su accionar solidario alcanzó su cenit en la famosa epidemia de cólera que azotó a la Provincia de Salta entre los años de 1886 y 1887, contándose innumerables pérdidas y un absoluto estado de necesidad y desolación de los más necesitados. El lugar donde atendía a quienes estaban desesperados es en el inmueble sito en La Florida 21, posteriormente llamada Casa de Arias Rengel, que fue declarada Monumento Histórico nacional en 1946.
En 1917 alcanzó la presidencia de la Sociedad de Beneficencia, a raíz de lo cual se propuso recaudar bienes y esfuerzos para que se crease el pabellón de Infecciosos dentro del Hospital de Niños La primer Sociedad de Damas de Beneficencia en la Argentina se fundó durante el gobierno de Martín Rodríguez, a instancias de Bernardino Rivadavia en 1823. Fue intervenida y luego clausurada en 1946. Es decir que duró 123 años. Empero, y volviendo al relato de Manuela González de Todd, en 1921 durante el gobierno del Dr. Joaquín Castellanos se organizó la Exposición de Antigüedades que contaba con el auspicio del gobierno provincial en la casa de Ortiz Viola, inmueble situado donde actualmente se encuentra el Banco Macro al lado de la Catedral Basílica de Salta. Entonces manuela fue anfitriona y recolectora para poder llevar adelante su misión de altruismo. En 1925 durante el gobierno del Dr. Adolfo Güemes fue inaugurado finalmente el Pabellón en el hospital, ponderando el gobernador Güemes la denodada labor de Manuela. Al cumplir 80 años en 1928 fue objeto de numerosos actos de reconocimiento y gratitud a una vida dedicada a la beneficencia y al bien común.Recibió condecoraciones del Círculo de Damas Salteñas en Buenos Aires se le hizo especialmente un acto de homenaje donde la poetisa Clara Saravia Linares leyó un poema dedicado a ella y la Unisón Salteña a instancias de don Félix Usandivaras la distinguió como socia honoraria. Del indispensable libro de Roberto Vitry, titulado Mujeres Salteñas es donde se extrajeron muchos de los datos aquí consignados. Murió pletórica en sus obras a los 88 años en 1936. Y sin duda su ejemplo perdurable merece mucho más que una calle, pero esa ya es otra historia.