MAMA PACHA
29/07/2026. Análisis y Reflexiones > Análisis y Reflexiones
William Hickling Prescott, historiador estadounidense, escribió en el año de 1847, Historia de la Conquista del Perú, que la fecha resulta ser un libro - dividido en dos tomos - francamente insuperable dada la versación y lo exhaustivo de su estudio
Por Abel Cornejo
William Hickling Prescott, historiador estadounidense, escribió en el año de 1847, Historia de la Conquista del Perú, que la fecha resulta ser un libro - dividido en dos tomos - francamente insuperable dada la versación y lo exhaustivo de su estudio. Por cierto que una obra de estas características bajo ningún punto de vista podía prescindir de la mitología, sus rituales y creencias, que fuerza de sangre fueron abolidas por los conquistadores. No obstante lo cual siguieron cinco siglos más tarde, como es el caso de la Pachamama el culto a la madre tierra, que por lo demás, es anterior al propio imperio inca, es decir que tiene más de seis siglos. En efecto, cuenta Prescott que los peruanos, como tantas otras razas originarias, reconocían un ser supremo y señor del universo. Es decir eran monoteístas. Una gran curiosidad que permite inferir porqué el catolicismo no les resultó tan profano cuando los españoles comenzaron a difundirlo en esas tierras. Cabe recordar que el nombre Perú, algunos filólogos infieren que procede de un antiguo dialecto, también anterior a la dominación incásica, que significaría río. Ahora bien el culto central de los peruanos anteriores al incanato se forjó en la indisputable creencia y adoración al sol, Inti, bicéfalo o bifurcado, al que personificaron como Pachacamac - es decir aquel da vida y sentido al universo - y Viracocha – que significa espuma del mar. El sol y la espuma del mar, eran parte del mismo dios. A semejanza del cristianismo era un ser incorpóreo e invisible que habitaba un valle sagrado, al que sin embargo no se le erigieron templos, sino directamente se lo honraba mediante una festividad arcana, llamada Inti Raymi. Es decir la fiesta del sol.
Fueron los incas quienes inauguraron una nueva creencia al sostener que del lago Titicaca, Mama Ocllo y Manco Capac emergieron del agua con una cuña e oro y cimentaron las bases de la ética imperial, que era: ama sua, ama llulla, ama qhella son los tres famosos principios morales andinos que significan no robes, no mientas y no dejes nunca de trabajar. La realeza peruana era considerada una divinidad procedente del sol. A pesar de estos nuevos principios el culto y que las celebraciones al sol se mantuvieron incólumes, lo que sí hicieron los incas fue levantar templos y comenzaron a venerarse la luna y las estrellas, a la vez que el trueno, el rayo y el relámpago, a los que unieron en un solo nombre: Illapa. También hab+ian doncellas, como una suerte de vestales, consagradas a templos donde tenían una internación conventual. A ellas se les llamaba acllas que significa: elegidas. A su vez a todo lo que tuviesen que ver con los cultos sagrados, sean templos, creencias, rituales, se lo denominaba: huaca.
También desde tiempos inmemoriales y antes del incario, la tierra ocupó un lugar preferencial en las creencias y rituales, no muy diferente a la profesada por algunas de las escuelas de la filosofía antigua, es decir de que todas las cosas arquetípicas que provienen de ella, es decir la madre, llamada Pacha era sagrada y esta investida de una esencia plenamente espiritual, a la que año tras año se debía rendir honores para poder cosechar, comer, almacenar comida y agradecer que Mama Pacha - que algunos sostiene que es el nombre ritual original y correcto - bendiga para el próximo año las sementeras y todo lo que provenía de ella. De allí que las ofrendas fuesen frutos de la tierra, hojas de coca - que eran consideradas sagradas y sólo consumidas por nobles y sacerdotes según las enseñanzas de Mama Ocllo y Manco Capac - más una generosa cantidad de chicha – que procede de fermentar aswa, que es el nombre quechua del maíz - que se derramaba en un agujero cavado ex profeso para el culto a la Pacha. Esto debía suceder, aproximadamente más de un mes antes en que se pudiera empezar a sembrar y que los árboles recuperasen sus hojas, es decir como un advenimiento de una primavera anticipada. Año tras año, en todo el centro oeste sudamericano, se renueva este ritual que nunca perdió, sino que sigue ganado adeptos. Pero esa ya es otra historia.
Fuente de la Información: El Once TV