Breve reseña sobre la Casa Histórica de Tucumán
15/07/2026. Análisis y Reflexiones > Análisis y Reflexiones
No hace falta que sea exactamente 9 de Julio para recordar la historia de la Casa Histórica de Tucumán, el solar donde se declaró formalmente nuestra independencia nacional
Por Abel Cornejo
No hace falta que se exactamente 9 de Julio, para que recordemos la historia de la Casa Histórica de Tucumán. El solar donde se declaró formalmente nuestra independencia nacional. Fue construida alrededor del año de 1760 por el comerciante Diego Bazán y Figueroa como regalo de bodas para su hija Francisca. Otros prefieren decir, con acierto, que el solar fue la dote aportada por el padre de la novia. Era una típica vivienda colonial española con dos patios internos rodeados de habitaciones y un característico frente con molduras barrocas. En 1816, tras ser reacondicionada derribando algunas paredes para ampliar el salón principal, se convirtió en el recinto donde los congresales debatieron y firmaron el Acta de la Independencia argentina. Cuando fue cedida para la celebración del Congreso, que tenía una doble misión: declarar la independencia y sancionar una constitución, sólo se logró el primero de los cometidos.
Francisca Bazán, había nacido en San Miguel de Tucumán en 1744. Era una decidida patriota que cuatro años antes había puesto a disposición su casa solariega como apoyo logístico y hospital de campaña para de la Batalla librada el 24 de septiembre de 1812. Descendía por la rama familiar paterna del conquistador español Juan Gregorio Bazán y de Juan Ramírez de Velazco, fundador de La Rioja. Era hija de Juan Antonio Bazán y Figueroa y de Petrona Esteves. El 1 de enero de 1762 contrajo enlace, en San Miguel de Tucumán, con Miguel de Laguna, de origen español y que murió en 1806. Fueron sus hijos fray Miguel Martín Laguna, cura y vicario de Trancas, Juan Venancio, Joaquín, Nicolás Valerio, jurisconsulto de renombre, Gertrudis y Nicolasa de Laguna y Bazán. Como nunca la malicia es ajena a los buenos actos, hay quienes sostuvieron que Francisca venía alquilando el inmueble cuando el gobierno directorial decidió alquilarla para la celebración del Congreso. No hay ninguna constancia que acredite tal versión, más que la reconocida munificencia de doña Francisca.
Adrián Pignatelli cuenta que: en 1817, los Laguna volvieron a vivir en la propiedad, aunque algunas dependencias se alquilaban. Pasaron los años y en 1870 una de las bisnietas de Francisca la vendió al Estado. La casa estaba en muy mal estado y se demolieron el frente y las habitaciones del ala derecha del primer patio. Antes, el fotógrafo Ángel Paganelli pudo registrar su frente y uno de sus patios, a pedido de la familia, a fin de concientizar al gobierno del ruinoso estado en el que se encontraba. Esa fotografía se convertiría en el único testimonio gráfico que se conserva de la casa. Se decidió preservar el salón de la jura. En 1874, el gobierno nacional la adquirió. El presidente Nicolás Avellaneda, tucumano, dijo que lo hizo para "conservar el antiguo salón de la jura de la independencia". Sería sede del juzgado, del Correo y luego también del Telégrafo. En 1880, la casa ostentaba un nuevo frente, pero su interior estaba en muy mal estado, incluso el histórico recinto. En lugar de realizar las refacciones, las distintas dependencias oficiales fueron mudadas y así por 1896, la casa quedó abandonada.
El presidente Julio Argentino Roca, era tucumano, y fue quien ordenó construir un templete de cristal para proteger el salón, que contaba con ornamentos esculpidos por Lola Mora. El resto fue demolido. Hasta que en 1941 el arquitecto Mario Buschiazzo lideró el proyecto de reconstrucción de la casa, tal como lucía en 1816. Para ello se basó en los planos existentes y en la famosa fotografía de Angel Paganelli. En el mismo sentido, ubicó los cimientos originales, lo que le ayudaron a guiarse. Para acercarse lo máximo posible a su estilo original se usaron aberturas, rejas, baldosas, ladrillos y tejas de la época que pudieron adquirirse. En 1943 fue oficialmente inaugurada. Se ignora, a ciencia cierta, la fecha exacta de la muerte de Francisca Bazán de Laguna; tal vez en 1823 o en 1825. Como también no se tiene certeza que, ante la noticia de que el Congreso se celebraría en su casa, habría manifestado que "es un orgullo que esto esté pasando en mi casa". De lo que no cabe duda es que Francisca fue una patriota cabal y desinteresada y que su antigua casa pasó muchísimos años en estado deplorable hasta que fue debidamente recuperada. Pero esa ya es otra historia.
Fuente de la Información: El Once TV