La Revolución de Mayo en Salta
20/05/2026. Análisis y Reflexiones > Análisis y Reflexiones
Doscientos dieciséis años atrás, el tiempo, los hechos que sucedían y su posterior comunicación tardaban muchos días, a veces demasiados
La Revolución de Mayo se conoció en Salta recién el 16 de junio de 1810, mediante una comunicación del bando emitido por la Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata a nombre del Señor Don Fernando VII, que presidía el potosino Cornelio Judas Tadeo de Saavedra. La historia y la costumbre hicieron que ese largo nombre se encogiera y pasara a la posteridad simplemente como “Primera Junta”. Ese organismo, inicialmente, tuvo nueve miembros, al cabo de unos meses, cuando fueron llegando los diputados del interior, se sumaron trece, es decir que La Junta Grande, como se la mencionó después, tenía veintidós integrantes.
Ahora bien, en Salta si bien la noticia impactó en el común de la gente, existía un grupo de pensadores independentistas que desde por lo menos un año atrás seguían con atención la situación política del Reino de España y al igual de lo que ocurría en Buenos Aires, donde ya habían sociedades secretas que tramaban un movimiento insurreccional al orden colonial. Las cabezas visibles del grupo salteño eran José y Eustoquio Moldes y los hermanos Francisco y José de Gurruchaga. Entre ellos se habían formado una sólida amistad, porque los cuatro se habían formado en el Colegio de Nobles de Madrid y tenían una sólida formación militar e intelectual. Ya en la capital del Reino habían abrevado de los enciclopedistas y tenían ideas absolutamente diferentes a sus conmilitones. El 19 de junio, el gobernador intendente Nicolás Severo Isasi de Isasmendi convocó a Cabildo Abierto y allí asistió también el primer obispo de Salta, monseñor Nicolás Videla del Pino, el único de los prelados que murió en Buenos Aires y no se conoce el lugar donde descansan sus restos hasta la fecha. Terminada la sesión, la mayoría de los cabildantes a excepción del gobernador Isasmendi, votó por la adhesión a la Revolución de Mayo, y como Salta era la capital de la gobernación intendencia, a los pocos días le siguieron la misma posición Tucumán, el 26 de junio, al igual que Santiago del Estero, en la misma fecha.
El problema se planteó en forma cruenta cuando hubo que elegir quien sería el diputado que representase a Salta en la Junta. El primer llamado a las casas consistoriales, que eran las salas donde debían reunirse y sufragar, fue el convocado para el 25 de junio pero fracasó, porque algunos de los capitulares asistentes dijeron que no se habían puesto los guardias en sus puertas. Es que veintidós vecinos que habían sido citados a votar irrumpieron en el Cabildo sin previo aviso y fueron desalojados por considerar que habían provocado un tumulto. El gobernador dijo que no habían sido debidamente citados. Por este motivo la elección pasó al día 30, sin embargo el Cabildo no aceptó la convocatoria del gobernador, quien encolerizado dispuso la detención del procurador Juan Esteban Tamayo y la del alcalde de segundo voto Antonino Fernández Cornejo. Isasmendi que se oponía a la Revolución estimó que Tamayo y Fernández Cornejo, no le habían correspondido en su decisión. Mientras tanto, y por su cuenta el gobernador convocó al Cabildo para el día 29, es decir contraviniendo la propia citación que había realizado para el día 30, a otra asamblea, quien terminó eligiendo a Tomás Sánchez, que fue rechazado por los cabildantes ausentes, porque se habían alejado de la ciudad presumiendo que serían detenidos.
Los días pasaban y la tensión aumentaba en el vecindario de la capital, y ante la certeza de que pudieran haber tumultos, el Cabildo se reunió la mañana del 5 de julio y se mocionó para que el gobernador dejara su cargo o bien declinara por motu proprio. Lejos de ello Isasmendi, ordenó que los cabildantes presentes fuesen inmediatamente detenidos en el presidio del Cabildo, siendo encarcelados Nicolás Arias, Mateo Zorrilla, José Francisco Boedo y Calixto Gauna, a quien ayudaron a fugarse y en ocho días llegó a Buenos Aires, en una proeza inigualable, a fin de dar el apoyo a la Revolución que terminó con el régimen español. A su vez la Junta había elegido gobernador de Salta a Feliciano Antonio Chiclana, de feroz carácter al igual que el gobernador depuesto, quien dispuso la libertad de los capitulares y la prisión y traslado de Isasmendi engrillado, cuando llegó a Salta para asumir el mando el 23 de agosto. El 29 de agosto el Cabildo eligió como diputado ante la Junta al Dr. Francisco de Gurruchaga. Pero esa ya es otra historia.