¿Cómo se gestó la Guerra de Malvinas?
26/03/2026. Análisis y Reflexiones > Análisis y Reflexiones
La decisión de tomar las Islas Malvinas fue el resultado de un acuerdo entre el general Leopoldo Fortunato Galtieri y el almirante Jorge Isaac Anaya. En efecto, el 11 de diciembre de 1981, renunció Roberto Eduardo Viola
. La dupla Videla –Viola era un consolidado tándem dentro del poder militar que funcionó como un aceitado engranaje durante los primeros cinco años de la dictadura militar, dentro del ámbito castrense. Debe hacerse la salvedad que la interna dentro de la Junta Militar en ese tiempo se crispaba por las constantes discrepancias entre Videla y el siniestro almirante Emilio Eduardo Massera, quien tenía indisimulables ambiciones políticas, como salida a la dictadura militar. Tanto es así, que terminó fundando el partido de la Democracia Social y su ambición quedó trunca, aún antes de que el proceso culminara. Eso fue así porque el juez federal Oscar Mario Salvi , mandó a detener a Emilio Massera el 17 de junio de 1983, en el contexto de la causa donde se investigaba el presunto homicidio del empresario Fernando Branca, desaparecido el 28 de abril de 1977. Branca, propietario de Brafer SA, era socio de Massera en varios emprendimientos. El 10 de noviembre de 1981, Guillermo Patricio Kelly denunció al ex almirante y a la segunda esposa del desaparecido, Martha Rodríguez Mc Cormack, como ideólogos de la desaparición del empresario.
Ahora bien, la sucesión de Viola primero como comandante en jefe del Ejército y posteriormente como presidente, era un arreglo que éste tenía con Videla. Hacia el final del mandato de Viola como comandante, la figura de Galtieri comenzó a tener peso propio no sólo dentro del Ejército sino para la administración norteamericana que conducía Ronald Reagan. Nunca quedó claro si realmente Galtieri era el sucesor que pretendía Roberto Eduardo Viola. Hay quienes dicen, fundadamente, que no. En una gira por los Estados Unidos. Galtieri fue calificado por la prensa local como “general majestuoso” y hasta lo llegaron a comparar con Goerge Patton, héroe de la Segunda Guerra Mundial. Tal vez la comparación excedía largamente a la figura prepotente de Galtieri, quien a su regreso se reunió con el almirante Anaya y acordó la salida de Vila y su ascenso a la primera magistratura a cambio de que se tomase Malvinas. Era una antigua obsesión de Anaya, no compartida por un sector importante de la Marina, la recuperación de las Islas Malvinas. Por cierto, Malvinas era un objetivo nacional que amlagamaba a la opinión pública de manera notable.
A la par de todo esto, el deterioro económico y social que había alcanzado la dictadura por aquél entonces, además de los cuestionamientos de organismos internacionales por violación a los derechos humanos, habían comenzado a resquebrajar la razón de ser del gobierno militar. Tanto es así que dos presos sin proceso como la ex presidenta María Estela Martínez de Perón y el periodista Jacobo Timmerman, debieron ser liberados. El 30 de marzo de 1982, se produjo una multitudinaria manifestación encabezada por la entonces denominada CGT Brasil, mucho más combativa que el otro sector sindical denominado CGT Azopardo. Las columnas de manifestantes se concentraron en Plaza de Mayo. Ese mismo día, en otra importante concentración en Mendoza, perdió la vida de un balazo el obrero textil Benedicto Ortiz, lo cual enrareció un clima de por sí ya tenso.
¿Cuándo fue el Día D en que la Junta Militar integrada por Galtieri, Anaya y el brigadier Basilio Lami Dozo fijaron para el comienzo de la llamada “Operación Rosario”? No se sabe exactamente si era el 2 de abril. Lo que resulta irrefutable es que la decisión inconsulta de ir a la guerra, se había decidido con bastante antelación al 2 de abril de 1982. Fue inconsulta la decisión, porque ir a una conflagración de esa envergadura, al menos debió haber sido discutida con algunos de los países aliados a la Argentina, por ejemplo Perú; dado que el presidente constitucional Fernando Belaúnde Terry, no sólo defendió a capa y espada la soberanía argentina en las Islas del Atlántico Sur, sino que propuso la solución de las tres banderas, que de haberse adoptado, la situación actual sería abismalmente diferente y tenía posibilidades de ser aceptada. La Guerra de Malvinas despertó al león británico que no sólo estaba adormecido sino con serios conflictos internos. Margaret Thatcher, la primera ministra, enfrentaba a un parlamento hostil que pedía airadamente su dimisión. Malvinas, la salvó políticamente, e involuntariamente la hizo entrar en la historia inglesa.
Entre los documentos que deberían desclasificarse y que aún mantienen el carácter de Secreto de Estado, son las conclusiones de la Comisión Ratenbach, que es la que desencadenó en el juicio por la responsabilidad de los jefes militares en el conflicto del Atlántico Sur, y duró entre 1983 y 1988. Allí seguramente existe documentación fehaciente sobre toda la cronología previa a la guerra y la fijación del día del desembarco que le costó la vida al capitán mendocino Pedro Edgardo Giachino. Hoy no apelaremos a nuestro acostumbrado final: pero esa ya es otra historia, porque en realidad es una asignatura pendiente que el pueblo argentino en su conjunto, debería conocer. Entonces es el derecho a saber que ocurrió con nuestros mártires que ofrendaron su vida por la Patria y están sepultados en el territorio argentino usurpado vilmente una asignatura pendiente que debe ser saneada en homenaje a sus memorias.