Violencia de género, poder e impunidad en Cafayate
19/01/2026. Noticias sobre Justicia > Noticias de Salta
Una comerciante denuncia años de violencia física, psicológica y económica por parte de su expareja, un periodista local. Pese a las medidas de protección dictadas y a un divorcio que sigue sin resolverse, el hostigamiento continúa
Una comerciante denuncia años de violencia física, psicológica y económica por parte de su expareja, un periodista local. Pese a las medidas de protección dictadas y a un divorcio que sigue sin resolverse, el hostigamiento continúa bajo la mirada pasiva de la Justicia. Denuncias reiteradas, medidas judiciales incumplidas y silencio institucional
Una comerciante de Cafayate, que es madre de un adolescente de 16 años, estuvo casada durante quince años con S. N., periodista local con fuerte presencia mediática en la ciudad. La comerciante denunció que durante la convivencia fue víctima de violencia de género en sus múltiples formas, física, psicológica, económica y patrimonial.
Hace más de dos años la comerciante, Z., inició un proceso de divorcio unilateral que aún no ha sido resuelto. Desde entonces, continúa formalmente ligada a un vínculo que no desea y atrapada en un círculo de hostigamiento constante que, según denuncia, no cesa y se ve agravado por demoras e inacciones judiciales que terminan configurando prácticas de revictimización.
La jueza local de Cafayate se excusó de intervenir en el trámite de divorcio por conocer a las partes, motivo por el cual el expediente fue remitido a la ciudad de Salta. En la actualidad, la causa se encuentra a cargo del juez Víctor Soria, sin que hasta el momento se haya dictado una resolución que permita poner fin al vínculo matrimonial ni frenar de manera efectiva la escalada de violencia denunciada.
En su relato, Z. recuerda que su expareja le repetía que “tenía muchos contactos en la justicia y en la política” y que por eso ella “no iba a poder salir así nomás”. Hoy, mirando hacia atrás, asegura que esas palabras se cumplieron: “por más denuncias que hice, nunca vi una solución real a mis problemas”.
Z. describe hechos que encuadran en violencia económica, patrimonial, psicológica y física. Afirma contar con fotografías que acreditan agresiones sufridas durante la convivencia, incluso en presencia de su hijo.
Golpes, persecuciones y miedo constante
La comerciante denunció episodios reiterados de persecución e intimidación. “Tenía miedo porque me seguía en la ruta, aparecía a medianoche en la oscuridad, me echó de mi casa, cambió la cerradura y puso cadenas”, relató. “Se escondía detrás de los árboles vigilándome, me cruzaba la camioneta en la ruta cuando volvía a mi casa y me amenazaba con cosas que después terminaban pasando”, aseguró.
La violencia alcanzó incluso a su actual pareja, quien habría sido golpeada por su expareja junto con el hermano de ella. En medio de esa situación, Z. quedó sin hogar junto a su hijo y debió refugiarse en la vivienda de la familia de un compañero del grupo de scout del adolescente. “Me alojaron por un tiempo y me dieron espacio para trabajar, pero cuando volví a cruzármelo, me golpeó y todo fue cada vez peor”, denunció.
Pese a que se dictaron medidas judiciales de prohibición de acercamiento y de ejercer actos de violencia, Z. sostiene que son violadas de manera sistemática. Según consta en denuncias posteriores, su expareja continuó merodeando su domicilio, ingresó sin autorización al inmueble, presionó a testigos y generó un clima de terror permanente. Hay testigos presenciales, registros fílmicos y cámaras de seguridad que darían cuenta de estos hechos. Sin embargo, hasta el momento, no se habrían aplicado sanciones efectivas.
Violencia económica y despojo
Z. trabaja desde hace años en un pequeño kiosco que constituye su único sustento y el de su hijo. El comercio fue levantado con su esfuerzo personal. No obstante, el inmueble donde funciona se encuentra a nombre de su exsuegra, situación que, según denuncia, es utilizada como herramienta de control y violencia económica.
Antes del hecho más reciente, la exsuegra firmó una intimación exigiendo que Z. abandonara el lugar y dejara sus herramientas de trabajo, argumentando la existencia del proceso de divorcio en trámite. Z. rechazó esa intimación por las vías legales correspondientes. “¿De qué vamos a vivir con mi hijo?”, se preguntó.
El episodio más grave ocurrió el 5 de enero, cuando al llegar a su local Z. encontró las puertas cerradas con un candado colocado por su expareja, impidiéndole trabajar y acceder a su mercadería, herramientas e ingresos diarios. “Fue un intento de atentar contra mí y mi hijo, de evitar que trabaje y quitarme mi fuente de trabajo”, expresó.
Posteriormente, constató la falta de dinero y mercadería en el local. “La cerradura no estaba violentada, lo que significa que él tenía llave”, dijo. La situación fue constatada por un juez de paz. Según relató, no existía ninguna orden judicial que habilitara esa acción.
“Hace años que trabajo con mi kiosquito, no le pido nada. No me pasa cuota alimentaria y hace tiempo que ni siquiera se hace cargo de las necesidades básicas de nuestro hijo”, sostuvo Z. “Quiere dejarme sin trabajo, sin ingresos, cuando él no aporta nada”, agregó.
La mujer resaltó una situación que considera profundamente desigual, mientras ella es impedida de trabajar y se le bloquea su única fuente de ingresos, su expareja dispone sin restricciones de otros bienes comunes, incluidos medios de comunicación.
Escenario de impunidad
En el mismo sentido, la denunciante afirmó que mientras denuncia una escalada de violencia y hostigamiento, su expareja continúa conduciendo programas radiales en Cafayate y manteniendo una imagen pública de referente social. “Habla tranquilamente, como si no pasara nada, como si fuera el hombre que soluciona todo en el pueblo”, expresó.
Sin embargo, la mujer describió una realidad muy distinta puertas adentro, “dentro de la casa era un golpeador, manipulador, infiel, que también trata mal a mi hijo cuando está con él”.
Z. sostuvo que el poder mediático y las relaciones de su expareja generan un escenario de impunidad que desalienta respuestas institucionales. “Nunca fue detenido, nunca pasó nada, pese a las denuncias y a que viola medidas judiciales”, afirmó.
Hoy, la denunciante asegura no pedir privilegios. “Solo quiero que esto termine. No quiero saber nada de este hombre. Quiero que se cumpla la ley, que frene la violencia económica y que pueda trabajar y vivir sin miedo”, dijo.
“Hago responsable a S. N. y a mi hermano V. A. por si algo me llegara a suceder a mí, a mi hijo, o a mi pareja”, dijo al finalizar. Indicó que su hermano actúa en complicidad con su expareja, “después de lo que pasó tuvimos otro inconveniente más y mi hermano frecuentaba o merodeaba donde vive mi actual pareja que tiene un negocio, él puso cámaras ahí entonces se vio que varias veces pasó por este lado y acá en el negocio donde yo estoy”, contó
Fuente de la Información: Página 12