Quijano: Cuatreros sin freno: roban ganado y son buscados como en el lejano oeste
12/04/2026. Noticias sobre Justicia > Noticias de Salta
Dionisio y Ariel salen a buscar con lazos y facones a los cuatreros: "Si los pillamos ya saben qué les va a pasar por ladrones". Ocurre en la zona de El Altillo, en Chorrillos.
A tan solo 30 kilómetros de la capital salteña, la postal dista mucho de la tranquilidad rural que muchos imaginan. En los cerros de la precordillera, en la zona de Chorrillos, a unos 22 kilómetros de Campo Quijano, y a la vera de la ruta 51, el delito rural se volvió una constante: bandas organizadas de cuatreros operan con impunidad desde hace años, llevándose animales en pie, sin dejar rastros y, lo más alarmante, en grandes cantidades.
La familia Rivera es víctima de este circuito clandestino que parece aceitado y protegido por la desidia judicial. Según denuncian, desde hace más de 15 años sufren el robo sistemático de su hacienda. No se trata de pérdidas aisladas: hablan de entre 50 y 70 animales sustraídos, con episodios donde desaparecieron hasta 25 vacunos de una sola vez.
Las denuncias formales en sede policial confirman las sospechas: no se trata de ataques de animales salvajes ni de pérdidas por extravío. Es un abigeato organizado.
"El problema no es que te roben una vaca, te roban de a tropa: de cinco, de diez, de veinte", cuenta Ariel Rivera, quien junto a su padre mantiene la actividad ganadera como sustento familiar. La situación, lejos de mejorar, se agravó en las últimas semanas con un nuevo robo: una vaca con cría desapareció sin dejar huellas.
El dato que más inquieta es la logística. Los animales no aparecen faenados en el lugar, ni se encuentran restos. "Se los llevan completos", afirma Rivera. La hipótesis más fuerte apunta a que los cuatreros bajan el ganado por quebradas o senderos de montaña hasta puntos estratégicos donde camiones los cargan. Todo, sin controles efectivos, pareciera que "hay zona liberada" sobre la ruta 51 yendo a Quijano o a San Antonio de los Cobres.
Y ahí surge la gran pregunta: ¿cómo se trasladan decenas de animales sin que nadie los vea? ¿Dónde están los controles sobre rutas y guías de traslado? ¿Qué pasa en los frigoríficos? Para los damnificados, la respuesta es tan simple como alarmante: zonas liberadas.
"Esto ya tocó fondo", resume Ariel. Y no es solo una frase. Es el reflejo de una comunidad que se siente abandonada. Las denuncias existen, pero las respuestas no. "La Justicia es para la gente de nombre, no para los que vivimos de unas pocas vacas", disparan con bronca.
En este contexto, la escena parece sacada de otra época. Sin respaldo policial ni avances judiciales, los propios productores salen a recorrer los cerros en busca de sus animales, armados apenas con machetes y lazos, como en un viejo western. Con el riesgo que eso implica. "Tenemos que salir a buscarlos nosotros, porque nadie hace nada", dicen.
Otra lógica
El contraste es brutal: a pocos kilómetros de la ciudad, donde rigen leyes, controles y discursos, en los cerros manda otra lógica. Una donde el silencio, la geografía y la falta de presencia de controles de todo tipo juegan a favor del delito. Dionisio y Ariel salen a buscar con lazos y facones a los cuatreros: "Si los pillamos ya saben lo que les va a pasar por ladrones"
Ariel tiene tu ganado en zona conocida como El Altillo, en el paraje Chorrillos. Contó a El Tribuno que junto a su padre, Dionisio, son los únicos en la zona, que les roban ganado, y eso ya es llamativo. Para colmo las altas cumbres donde pastan los animales con la marca de la familia es difícil de llegar para la policía. "Sospechamos que todo esto está armado desde hace años, los pueden arrear al ganado caminando los cuatreros pero al llegar a la ruta deben subirlo a un camión, y en los controles les deberían pedir papeles de los animales. Pero pasan como si nada. Algunas veces hallamos huellas y los salimos a buscar a los cuatreros a lo que de lugar. Si los pillamos ya saben que les va a pasar por ladrones".
Mientras tanto, los cuatreros siguen operando. Sin dejar rastros. Sin detenidos. Sin consecuencias. Y con cada robo, no solo se llevan animales: también se llevan el esfuerzo, la historia y el sustento de familias enteras.
Fuente de la Información: El Tribuno