Los últimos días de la democracia: el aislamiento de Isabel Perón, la presión de los militares y el golpe anunciado de 1976
24/03/2026. Análisis y Reflexiones > Análisis y Reflexiones
El Gobierno, fuertemente debilitado y desbordado, atravesaba una brutal crisis política y económica. Las jornadas previas al inicio de la dictadura estuvieron marcadas por los efectos de la falta de liderazgo de la mandataria
"La situación es de absoluta normalidad". El mensaje en los pasillos y despachos de la Casa Rosada se repetía en los días previos al 24 de marzo de 1976, cuando comenzó la etapa más oscura de la Argentina. El gobierno de María Estela Martínez de Perón, cada vez más debilitado y desbordado, creía que el golpe de Estado militar no ocurriría o que, al menos, se demoraría.
La crisis se aceleró después de la muerte del presidente de aquel entonces Juan Domingo Perón, ocurrida el 1° de julio de 1974. Su fallecimiento estremeció a la sociedad, que salió a las calles pese a una intensa lluvia y el frío para despedirlo en el Congreso entre el dolor y la conmoción en medio del duelo nacional. Ese día su esposa, la vicepresidenta María Estela Martínez de Perón, asumió como mandataria.
"Este viejo adversario despide a un amigo. Yo le digo, señora Presidenta: los partidos políticos argentinos estarán a su lado en nombre de su esposo muerto, para servir a la permanencia de las instituciones argentinas", manifestó Ricardo Balbín, líder de la Unión Cívica Radical y principal opositor al peronismo, en un recordado discurso durante el funeral. Aquel mensaje de unidad fue celebrado, pero también escondía un síntoma: si hasta el antagonista más férreo se ofreció a colaborar, significaba que la Argentina se acercaba a una de sus peores etapas políticas.

María Estela Martínez de Perón.
Por aquel entonces, el peronismo sufría una feroz interna, que se había agudizado en 1964 mientras el histórico expresidente estaba exiliado en España tras ser derrocado por la Revolución Libertadora. Por un lado, el líder de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), Augusto Vandor, propuso "un peronismo sin Perón" con autonomía. Su planteo fue rechazado por la corriente dura encabezado por José Ignacio Rucci. Isabel ofició como una suerte de delegada y volvió a la Argentina en 1965 para marcar la cancha con varias reuniones con sindicatos y jefes políticos en el Alvear Palace Hotel. Su misión era mostrar que el músculo de Perón permanecía intacto.
En esa estadía, Isabel conoció a un hombre extraño que se presentó como consejero espiritual y con habilidades en actividades astrológicas: José López Rega, un excabo de la Policía. Su primer contacto fue en una reunión en la casa de Bernardo Alberte, un militar de extrema confianza de Perón. Ese día marcó un antes y un después, ya que la esposa del líder peronista le ofreció regresar a Madrid con ella y ser el secretario del matrimonio. Se convirtió en un integrante del núcleo íntimo y nada indicaba que años después sería una pieza clave del ataque contra la democracia.
Isabel Perón, la soledad política y el caos: una Argentina en llamas y el avance de los militares
La luna de miel duró muy poco. La viuda de Perón quedó al frente de un caliente sillón de Rivadavia y tenía que enfrentar un cóctel formado por una histórica crisis económica, una ola de violencia en Argentina y la desconfianza por su inexperiencia como autoridad, ya que antes de ser mandataria y previamente vicepresidenta no fue funcionaria pública. El embudo se achicó y su gobierno empezaba a ser una bomba de tiempo.
El periodo de Isabel en la Casa Rosada se caracterizó por su falta de liderazgo. Sin su esposo, la influencia de López Rega creció. Aquel hombre interesado por el esoterismo se desempeñaba como ministro de Bienestar Social, aunque su lugar en el Gobierno era mucho mayor. Se trataba del funcionario más cercano a la jefa de Estado, que le delegó varias funciones e incluso tomas de decisiones importantes.

Juan Domingo Perón, Isabel y José López Rega.
La figura de López Rega llegó a tal punto que algunos lo consideraban "el Presidente en la oscuridad". A simple vista se advertía que no era un ministro más, sino la persona más poderosa de la Argentina. Por la cercanía, hasta algunos sectores políticos dejaron de dialogar con Isabel ya que consideraban que la mandataria sólo escuchaba al Brujo, quien incluso se mencionaba que elegía con quiénes aceptaba dialogar la jefa de Estado. Era casi una marca personal.
Estaba en su auge. Sin embargo, cuando permanecía en la cúspide del poder, aquello que había construido se desmoronó: López Rega renunció el 11 de julio de 1975. Estaba acorralado por la presión social de los efectos del Rodrigazo. Las Fuerzas Armadas también lo querían fuera del Gobierno.
Su relación con los gremios más relevantes estaba rota desde hacía tiempo y el gran disparador de su salida fue un artículo del diario La Opinión, que expuso que investigaciones del Ejército marcaban que López Rega encabezaba la Triple A. Incluso esa nota periodística mencionó que la Quinta de Olivos y una dependencia del Ministerio de Bienestar Social se usaron para trazar estrategias de la sangrienta organización parapolicial. Por aquel entonces había rumores, que podían ser confirmados en cualquier momento, pero aún así movió los cimientos de la Casa Rosada.
Tras dimitir en su cargo, López Rega viajó a España e Isabel lo designó como embajador plenipotenciario en Europa para intentar descomprimir la situación política. Su ida fue clave para el golpe militar, ya que estos movimientos fueron considerados como otro gesto de debilidad del Gobierno, ya que Martínez de Perón seguía sintiéndose sobrepasada y se quedó sin su mano derecha.
Un punto de inflexión fueron los cuatro decretos de aniquilamiento dispuestos por el Gobierno. Martínez de Perón firmó el primero en febrero de 1975, en el que habilitó al Ejército a "ejecutar las operaciones militares que sean necesarias a efectos de neutralizar y/o aniquilar el accionar de los elementos subversivos que actúan en Tucumán". El objetivo principal era detener la acción de la guerrilla del ERP.
En octubre de 1975 se rubricaron los otros tres decretos, que fueron firmados por el presidente provisional del Senado y mandatario interino en ese momento, Ítalo Luder. Con esos documentos se creó el Consejo de Seguridad Interna, encabezado por el Gobierno y las Fuerzas Armadas, para "poner en marcha las medidas para enfrentar la actividad de los elementos subversivos", mediante el control de las fuerzas de seguridad provinciales en todo el país. Además, diseñaron un Consejo de Defensa para aconsejar medidas contra la violencia guerrillera y parapolicial.

Jorge Rafael Videla fue uno de los comandantes de la dictadura.
Esos decretos eran una muestra de que el Gobierno no lograba frenar a los grupos violentos con fuerzas civiles y recurrió a una medida extrema. También ratificaban que Isabel estaba superada por la crisis de la Argentina e incluso tomó licencia médica después de que se agravaran sus ataques de llanto y problemas gastrointestinales. Por este motivo viajó a Ascochinga por un mes. La paradoja es que en esa localidad cordobesa estuvo acompañada por las esposas del general Jorge Videla, del almirante Emilio Massera y del brigadier Héctor Fautario.
Las Fuerzas Armadas se escudaron en esos decretos para argumentar su nefasto accionar en la dictadura cívico militar, ya que afirmaban que siguieron las órdenes del Poder Ejecutivo. Incluso sostuvieron esa postura durante el juicio a las Juntas Militares.
En la cabeza de Videla ya rondaba la idea de un golpe de Estado, incluso antes de los decretos de Martínez de Perón y Luder. El 13 de octubre de 1975 el general lideró una reunión con Massera y Fautario. La convocatoria era para tratar ascensos militares, pero cuatro días después hubo otro encuentro en el que comenzaron a planificar el golpe.
El único en desacuerdo fue Fautario, quien advertía que el Gobierno constitucional debía sostenerse. Su postura generó fuertes rispideces y el cónclave, que incluyó una cena, se realizó a los gritos. Incluso Fautario luego fue desplazado y en su lugar asumió Orlando Agosti. La Junta Militar quería tener a sus integrantes alineados y disipar las internas de cara al golpe de Estado. Para ellos, las cartas estaban echadas.
El plan ya estaba tan elaborado que Fautario, tras su salida, le advirtió a Isabel que se avecinaba el golpe institucional. "Cuídese, señora. A usted la van a echar en marzo", le marcó a la mandataria.

Emilio Massera.
En tanto, el 25 de febrero de 1976, prácticamente un mes antes de la jornada en la que comenzó el proceso más oscuro de la historia argentina, la Cámara de Diputados llevó adelante una de sus últimas sesiones previo a la dictadura cívico militar. Fue tensa y en los pasillos del Congreso se percibía nerviosismo. La oposición, con el respaldo de la UCR y otros partidos, había pedido que Isabel sea destituida por "inhabilidad política".
Distintos sectores del peronismo reconocían que la administración de Martínez de Perón estaba muy debilitada, pero rechazaban su caída. La iniciativa, presentada sobre tablas, no avanzó ya que no se alcanzaron los dos tercios necesarios. Esa sesión expuso las visiones divididas de ese momento: algunos, no querían saber nada con una salida de la mandataria. Otros, advertían que debía correrse ya que de esa manera se evitaría la dictadura. Las elecciones se adelantaron para octubre de 1976. No se llegó.
"Fue un golpe de Estado anunciado y esperado e incluso más que algunos golpes anteriores porque el Gobierno estaba en una situación caótica políticamente. Esa forma de Gobierno no resistía más. No había un proyecto político y la oposición tampoco tenía recursos. Balbín dijo que debía haber algún remedio para la situación pero él no lo tenía. La mayoría de los partidos, aunque no podían decirlo abiertamente, estaban esperando el golpe. La sociedad y la oposición estaban desgastadas", resumió el docente de historia y escritor, Guillermo Cao, en diálogo con C5N.
En tal sentido, agregó que la administración peronista pensaba que la dictadura se dilataría: "El Gobierno era el único que creía que el golpe de Estado podía demorarse. Isabel se sorprendió cuando el 24 de marzo de 1976 prácticamente la secuestraron cuando se suponía que iba a ir a la Quinta de Olivos, pero en realidad fue a Aeroparque y ahí quedó detenida por varios años. Antonio Cafiero, exministro de Economía, dijo que en su momento nombraron a Videla como comandante en jefe y que no tenía antecedentes apolíticos y que no estaba la posibilidad de un golpe de Estado".
El factor del Rodrigazo y la crisis económica
Con Isabel en la Casa Rosada, el ministro de Economía, Celestino Rodrigo, anunció en junio de 1975 un brutal programa conocido como Rodrigazo, que entre sus principales medidas consistía en una suba del dólar oficial del 160% (subió de $10 a $26 en un día), los pasajes de colectivo pasaron de $1 a $1,50 y los servicios públicos se incrementaron en un promedio del 55%.
Las consecuencias asfixiaron a la sociedad, debido a que la inflación trepó al 335% anual y en julio ya marcaba un 35%. También fijó un límite a las subas salariales del 38%, lo que licuó fuertemente el poder adquisitivo. Las medidas afectaron en tal magnitud que la CGT realizó su primer paro general en un gobierno peronista.
Rodrigo renunció luego de apenas 49 días en el cargo. Su salida profundizó la inestabilidad económica y era un reflejo de la crisis, debido a que la administración de Martínez de Perón llegó a tener seis ministros de Economía. El último fue Emilio Mondelli, cuyo principal objetivo era un reordenamiento después del Rodrigazo, aunque su programa, en el que también el peso se devaluó y hubo saltos tarifarios, generó rechazo de muchos gremios que llevaron adelante varias huelgas.

Celestino Rodrigo fue el ministro del Rodrigazo.
La ola de violencia usada por los militares
En el plano social, la violencia se apoderó de las calles. El ERP y Montoneros, enfrentados con la Triple A, desataron una de las épocas más feroces de la historia de la Argentina. Todos los días se registraban atentados, enfrentamientos armados y muertos.
El ERP, fundado en 1970 y de orientación marxista, fue creado en una reunión del Partido Revolucionario de los Trabajadores. Era liderado por Mario Roberto Santucho y buscaba tomar el poder e imponer un Estado socialista. Operaba en provincias, como Buenos Aires, Tucumán y Córdoba, con varias células de grupos armados conformadas por estudiantes universitarios, militantes y obreros.
Su mayor ataque fue un asalto a un batallón de arsenales en Monte Chingolo para robar armamento. Aquella acción es considerada como la acción guerrillera más importante de la historia argentina. En tanto, una de sus unidades más reconocidas fue la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez, en Tucumán, donde el grupo buscó una revolución en todo el país. También secuestraba extorsivamente especialmente a empresarios y militares.
Por su parte, Montoneros también se creó en 1970 y conmocionó a la sociedad con el secuestro y después asesinato del expresidente de facto Pedro Aramburu. El crimen, que se trató de la primera acción pública de la organización guerrillera formada por jóvenes de clase media alta identificados con la derecha católica y la corriente peronista, fue el puntapié inicial de una serie de asesinatos a civiles, sindicalistas y militares.
El grupo era respaldado por diferentes organizaciones juveniles peronistas y su etapa se partió en dos. Primero pretendía la vuelta de Juan Domingo Perón desde el exilio para volver a tener al máximo líder en el país después de que fuera derrocado en 1955. Durante los primeros años, la organización liderada por Mario Firmenich se sumó a una ola de violencia para debilitar ese proceso y presionar por el regreso de uno de los máximos referentes políticos argentinos, mediante la consigna "Luche y Vuelve" y asesinatos de figuras políticas para demostrar el poder y advertir a la dictadura de Agustín Lanusse.

Mario Firmenich.
Montoneros movilizó a miles de personas hacia Ezeiza para recibir a Perón en 1972. Se trató de un día histórico y ansiado para el peronismo. A partir de allí, el foco parecía posarse en los operativos clamor para que se presente como candidato presidencial. No obstante, después todo se rompió: en 1973, en la segunda vuelta de Perón al país, en la que otra vez fue recibido por una multitud, se enfrentaron a los tiros en un acto en la Autopista Riccheri y la Ruta 205.
El enfrentamiento fue protagonizado por integrantes de Montoneros y grupos vinculados a la derecha peronista, relacionados con López Rega. Fue bautizada como la Masacre de Ezeiza y expuso las internas en el movimiento, ya que se disputaban el liderazgo del peronismo. La cantidad de víctimas nunca fue confirmada, pero se estima que hubo al menos 13 muertos y 365 heridos.
Aquel hecho subió la tensión y la soga estaba a punto de cortarse, pero el gran punto de inflexión fue en 1974, cuando Perón tildó de "imberbes y estúpidos" a Montoneros en un acto en la Plaza de Mayo, debido a la actitud confrontativa de esa organización guerrillera. La jornada marcó la ruptura entre el líder peronista y Montoneros, además de que incrementó una polarización que ya venía en aumento. De la plaza se había ido una multitud.
También significó una drástica reducción de las apariciones públicas de Montoneros, que luego del fallecimiento de Perón profundizó la rispidez con Isabel. Durante su gobierno, hubo varios atentados, ataques y secuestros a empresarios y personas ligadas a la política de primera línea.
Como respuesta al ERP y a Montoneros, en 1973 fue creada la Triple A impulsada por López Rega, integrada por policías, seguidores de la derecha peronista y grupos parapoliciales. La violencia social escaló a partir de secuestros y crímenes de militantes de la Izquierda. La Argentina se encontraba encerrada por un círculo violento del cual no podía salir.
La crisis política, económica y social fue aprovechada por los militares, que justificaron el golpe ya que afirmaban que reordenarían el país.
El objetivo de salvar la democracia que fracasó: la última semana antes del golpe de Estado de 1976
Miércoles 17 de marzo: el masivo almuerzo en apoyo a Isabel Perón
- Las 62 Organizaciones llevaron adelante un almuerzo en respaldo a María Isabel Martínez de Perón con una amplia convocatoria. La cita, de la que participaron 3.000 personas, fue en el camping de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) situado en el Camino de Cintura, donde se desplegaron banderas en apoyo al peronismo. Formaron parte diputados y senadores; gobernadores; el secretario general de la CGT, Casildo Herreras; el ministro de Trabajo, Miguel Unamuno; el secretario general de la UOM y titular de las 62 Organizaciones, Lorenzo Miguel; el secretario general de la UOCRA, Rogelio Papagno; y el exministro de Trabajo Carlos Ruckauf. La jefa de Estado no asistió, aunque agradeció el gesto.
- El ministro del Interior, Roberto Ares, elogió el histórico discurso del líder de la UCR, Ricardo Balbín, como consenso político: "Lo que dijo es sumamente positivo y ha contribuido a un estrechamiento mayor entre los partidos políticos".
- El ministro de Economía, Emilio Mondelli, almorzó con un grupo de diputados en el Palacio de Hacienda. Luego, asistió a la Comisión de Presupuesto de la Cámara baja para responder preguntas sobre el proyecto del Presupuesto 1976. Además, reconoció que no tenía un programa económico.
- El presidente de la Cámara de Diputados, Nicasio Sánchez Toranzo, llamó a que "diez hombres argentinos" acuerden intentar solucionar la inestabilidad social, aunque no aclaró si Martínez de Perón debía ser parte.
- Ares afirmó que el Gobierno trabaja sobre un plan económico que se daría a conocer en un mes.
Jueves 18 de marzo: una acusación contra José López Rega
- La Cámara de Diputados aprobó interpelar a Mondelli para que exponga sus medidas y su plan de gestión. Se trató de una sesión express, ya que duró sólo tres horas.
- Bittel se reunió con Ricardo Balbín y acordaron dialogar con otros integrantes de sus partidos, con el objetivo de avanzar en una asamblea multipartidaria. El encuentro duró 40 minutos y se realizó en el departamento del senador radical Luis León, ubicado sobre la Avenida del Libertador.
- Ares recibió en la Casa Rosada a Bittel y dialogaron 20 minutos sobre las propuestas del radicalismo para enfrentar la crisis política.
- Balbín se encontró con referentes políticos de distintos espacios opositores en un estudio jurídico. En el cónclave, el estratega de la UCR expuso las conclusiones a las que había llegado con Bittel.
- El diputado peronista Eduardo Farías advirtió en el Congreso que José López Rega continuaba influyendo en las decisiones del Gobierno, pese a que ya no tenía un cargo formal y se encontraba en el exterior. En este marco, agregó que la hija de López Rega recibió en el Aeropuerto de Ezeiza a un abogado español, llamado Antonio Hernández Navarro, según consignó La Razón en aquel entonces.
- Mondelli se reunió con el senador radical Juan Carlos Pugliese, quien cuestionó la administración económica y alertó sobre la situación de la industria.
Viernes 19 de marzo: un rechazo del Ejército al golpe de Estado
- Bittel encabezó un encuentro del PJ con otros dirigentes del espacio en la Avenida Córdoba. Después se reunió brevemente con Ares en la Casa Rosada. Luego se encontró con Balbín en la casa del senador radical Luis León. Luego de esa reunión, Balbín expuso su cautela, aunque abrió una puerta a la salida de la crisis: "Todavía no veo las soluciones, pero podrían venir".
- Bittel lideró una reunión en sus oficinas ubicadas sobre la Avenida Rivadavia con Balbín y representantes de otros partidos opositores. El objetivo fue avanzar en la asamblea pluripartidaria y crear una Comisión Bicameral para solucionar la inestabilidad política, económica y social, a través de un plan de emergencia. Según los partidos, en el cónclave hubo acuerdo en casi todos los puntos.
- Distintos diputados y senadores se reunieron en el Congreso para intentar encontrar una desesperada solución a la crisis institucional.
- Bittel se reunió con el presidente provisional del Senado, Ítalo Luder, en el Congreso. Tras el cónclave, descartó que las Fuerzas Armadas participarían de la asamblea multipartidista.
- Isabel dialogó por la mañana con Ares. Luego, el ministro del Interior se reunió con el gobernador de La Pampa, Aquiles Regazzoli, al diputado salteño José Catalano y al presidente del Banco de San Juan, Juan Graffigna. Tras esos encuentros, también habló conjuntamente con Bittel, Unamuno, Miguel y Papagno. Ares se retiró en medio del encuentro ya que fue citado a reunirse nuevamente con Martínez de Perón. Miguel afirmó que los gremios respaldarían al Gobierno en caso de un golpe de Estado.
- Martínez de Perón se encontró con Ares e integrantes de la Federación de Obreros y Empleados de la Industria Aceitera y Afines en la Casa Rosada. Después, la mandataria habló con el diputado Agustín Torrejón y el senador Ramón Lorenzo. Luego almorzó con Bittel y Miguel y dialogó con el embajador ante la Santa Sede.
- Un vocero del Ejército descartó que se lleve adelante un golpe de Estado militar según informó La Opinión, ya que advirtió que "en la Argentina no hace falta eso, sino ordenamiento".
Sábado 20 de marzo: el Gobierno coincidió en un acto con el Ejército a pocos días de la dictadura
- El PJ emitió un comunicado en el que rechazó una serie de rumores que buscaban establecer "una incertidumbre y desazón, que favorezca la intención de grupos minoritarios de intentar quebrar el orden constitucional".
- Los ministros Deheza (Defensa), Pedro Arrighi (Educación) y Unamuno (Trabajo) coincidieron en un acto de Regimiento de Granaderos a Caballo, con Jorge Videla y otros integrantes del Ejército. También asistieron Sánchez Toranzo y Luder, entre otros funcionarios.
- Bittel reconoció que se encontraba optimista para resolver la situación del país: "Confío que las fuerzas políticas del país hoy están más dispuestas que nunca el fortalecimiento de las instituciones". También aseguró que no se produciría un golpe de Estado militar y marcó que eso sería "un salto al vacío".
Domingo 21 de marzo: la reunión con las Fuerzas Armadas que no fue
- En plena búsqueda de consensos, el jefe del bloque de la UCR en el Senado, Carlos Perette, responsabilizó al Gobierno por la crisis, especialmente por la situación económica. Además, afirmó que el espacio radical no tiene acuerdos con el Gobierno.
- Bittel manifestó que podría concretarse un cónclave con las Fuerzas Armadas, aunque primero esa intención debería ser respaldada por otros partidos políticos.
Lunes 22 de marzo: los legisladores retiraron sus pertenencias del Congreso
- Varios legisladores retiraron sus pertenencias del Congreso en un clima desolador y que advertía que podía acercarse el golpe de Estado.
- Isabel se reunió por la mañana con sus asesores en la Casa Rosada. Luego, se encontró con Mondelli; y el secretario de Programación y Coordinación Económica, Jorge Benalcázar.
- Los ministros Deheza (Defensa) y Augusto Saffores (Justicia) recibieron a integrantes de las Fuerzas Armadas. Tras el cónclave, desde el Gobierno explicaron que dialogaron sobre "la represión de la subversión". Después, Martínez de Perón se encontró con Ares, Unamuno y Miguel.
- Bittel insistió en que no se concretará un golpe de Estado militar. "No creo que lo haya y confío en la sensatez de nuestras Fuerzas Armadas", señaló.
- Isabel encabezó una reunión de Gabinete por la noche. Bittel aseguró que sólo se debatió sobre "el futuro régimen electoral" y negó haberse discutido acerca de la posibilidad de un golpe de Estado.
- Las principales autoridades de las Fuerzas Armadas se encontraron en el Edificio Libertador. El principal punto fue debatir sobre las reuniones con Deheza y Saffores.
- Miguel advirtió sobre la chance de un golpe de Estado militar durante un encuentro con diputados peronistas en el Ministerio de Trabajo.
- Isabel almorzó junto a Miguel y Unamuno en la Casa Rosada. Después, el titular de las 62 Organizaciones y el ministro de Trabajo volvieron a la sede del ministerio para reunirse con la CGT. La Presidenta se retiró de su despacho a altas horas de la noche.
Martes 23 de marzo: la última reunión de Gabinete
- Isabel suspendió su agenda matutina e ingresó pasado el mediodía a la Casa Rosada, donde se reunió con Unamuno, quien expuso los detalles de un encuentro que mantuvo con sindicalistas. Luego dialogó con Deheza sobre una reunión con las Fuerzas Armadas.
- Ares se reunió por la mañana con el ministro de Economía de La Pampa, Jorge Matzkin. Después se encontró con diferentes gobernadores y con Isabel.
- Miguel expuso que no creía que el golpe de Estado se llevaría a cabo, luego de que se encontrara con Unamuno y Papagno en la Casa Rosada.
- Deheza recibió a Videla, Massera y Agosti. En el encuentro negociaron para que la dictadura no se realice, pero las conversaciones fracasaron y ya no había vuelta atrás. Ese cónclave confirmó que la Argentina se acercaba a sus años más atroces.
- Las Fuerzas Armadas incrementaron los controles militares en el Edificio Libertad y el Edificio Cóndor. Massera se reunió con sus asistentes. No se informó el motivo del movimiento militar ni el diálogo de Massera con sus colaboradores, pero ultimaron la preparación de cara al golpe de Estado.
- Herreras lanzó una frase que quedó en la historia: "Me borré". El secretario de la CGT, que estaba en Uruguay, afirmó que viajó a ese país para dialogar con sindicatos de Estados Unidos.
- Ares dialogó con Bittel y Carrasco en su despacho. Fue una reunión particular, ya que fue interrumpida para que el ministro del Interior se dirija a la Casa Rosada, aunque después volvió al encuentro.
- Isabel encabezó su última reunión de Gabinete, que comenzó pasadas las 19 y terminó alrededor de las 23:30. El encuentro fue amplio, debido a que también participaron todos sus ministros, Luder, Sánchez Toranzo, Miguel, Carrasco, Bittel y Rocca. En el cónclave se habló sobre el esperado encuentro con otros partidos, pero ya era tarde. "La apertura del diálogo previo tiene que ser con todas las agrupaciones políticas para encontrar puntos de coincidencia que permitan superar la difícil coyuntura que vive el país", expresó Bittel.
Fuente de la Información: C5N