Las noches que se apagaron las luces
20/07/2026. Noticias sobre Justicia > Noticias de Argentina
Esta semana se cumplen 50 años de la Noche del Apagón, una de las experiencias más traumáticas de la historia reciente de Jujuy, cuando se cortaba la luz en el departamento Ledesma y decenas de personas fueron arrancadas de sus hogares
Esta semana se cumplen 50 años de la Noche del Apagón, una de las experiencias más traumáticas de la historia reciente de Jujuy, cuando se cortaba la luz en el departamento Ledesma y decenas de personas fueron arrancadas de sus hogares para ingresar en el circuito clandestino del terrorismo de Estado. La represión en el departamento Ledesma de Jujuy
Por Reynaldo Castro
Esas noches los perros ladraron hasta más no poder.
Décadas después, muchos habitantes de Calilegua y Libertador General San Martín seguirían recordando aquel detalle. Antes de los golpes en las puertas, antes de las camionetas que recorrieron las calles oscuras y antes de conocer los nombres de los secuestrados, quedaron los ladridos. Algo extraño estaba ocurriendo. Los animales parecían advertirlo antes que los hombres.
La imagen reaparece en numerosos testimonios y fue registrada por la antropóloga Ludmila da Silva Catela en su estudio sobre las memorias construidas alrededor de los Apagones. En muchos relatos, la secuencia comienza de la misma manera: se corta la luz, los perros ladran, el pueblo se inquieta y, poco después, las casas son invadidas.
Los hechos que la memoria pública terminaría condensando bajo la expresión “La Noche del Apagón” constituyeron, en realidad, una secuencia de operativos represivos desarrollados entre el 20 y el 27 de julio de 1976 en distintas localidades del departamento Ledesma. Los cortes de energía eléctrica, las detenciones masivas y los traslados clandestinos formaron parte de una operación coordinada por fuerzas militares y policiales que actuaron sobre Libertador General San Martín, Calilegua, El Talar y otras localidades de la región. Con el paso de los años, la memoria colectiva sintetizó esos acontecimientos en una imagen poderosa y fácilmente reconocible: una noche sin luz en la que decenas de personas fueron secuestradas. Las investigaciones posteriores permitieron reconstruir una realidad más compleja, aunque no menos dramática.
Uno de los testimonios más precisos sobre aquellos acontecimientos fue recogido por Delia Maisel en Memorias del Apagón. Allí, Hilda del Valle Figueroa recuerda la noche del 21 de julio de 1976. Tenía diecinueve años, estudiaba Derecho en la Universidad Nacional de Tucumán y regresaba junto a su hermana hacia Calilegua después de acompañar a su madre a la terminal de ómnibus. Cerca de la medianoche, las luces se apagaron en todo el pueblo. Lo único visible eran los faros de los vehículos. A la entrada de Calilegua, iluminados por esas luces, aparecieron soldados apostados a ambos lados del camino. Hilda observó cómo hombres y mujeres eran sacados de sus casas en medio de la oscuridad, algunos semidesnudos, otros ya vendados y atados. Pocos minutos después vio pasar una camioneta blanca de la empresa Ledesma con varias personas en la caja. Cuando llegó a la vivienda de su abuela, donde pensaba pasar la noche, fue detenida junto a su hermana. Los agentes la arrastraron hasta un vehículo pese a que todavía se encontraba convaleciente de una intervención quirúrgica relacionada con las secuelas de la poliomielitis que había padecido durante la infancia.
La experiencia de Hilda no fue excepcional. Durante aquellos días, decenas de personas fueron retiradas de sus domicilios mediante operativos realizados en medio de la oscuridad. En Con vida los llevaron, figuran también algunos de esos episodios. Entre el 20 y el 22 de julio de 1976, el Ejército y la Policía de Jujuy ocuparon Libertador General San Martín, Calilegua y El Talar. Los cortes de energía eléctrica comenzaban alrededor de las diez de la noche y se prolongaban hasta el amanecer. En ese contexto fueron detenidos, entre muchos otros, Horacio Domingo Garnica, Héctor Narváez, Enrique Núñez y Ana María Pérez.
Entre las personas secuestradas se encontraba también Eublogia Cordero de Garnica, conocida por familiares y amistades como “Rita”. La noche del 20 de julio de 1976 fue detenida en Calilegua junto a dos de sus hijos. Los tres fueron incorporados al circuito represivo que incluía las comisarías de la región, dependencias vinculadas al Ingenio Ledesma y posteriormente el Centro Clandestino de Detención de Guerrero. Su caso permite comprender una característica central de los Apagones de julio de 1976: la represión no se dirigió únicamente contra individuos aislados. Con frecuencia alcanzó a grupos familiares completos, multiplicando el miedo y la incertidumbre en toda la comunidad.
Otro de los testimonios recogidos por Delia Maisel corresponde a Raúl Bartoletti. Nacido en Buenos Aires pero criado en Libertador General San Martín, había desarrollado su militancia estudiantil en Tucumán. Su relato aporta un elemento que reaparece una y otra vez en distintas fuentes: la convicción de que las listas de personas a detener habían sido elaboradas previamente. Bartoletti recuerda que, antes de su secuestro, fue despedido de una empresa contratista del Ingenio Ledesma después de haber sido identificado por personas vinculadas a la compañía. Años más tarde, numerosos testimonios y denuncias sostendrían que parte de la información utilizada para los operativos represivos provenía precisamente de registros elaborados en el ámbito empresarial.
Una vez detenidos, los secuestrados comenzaban un recorrido que buscaba borrar progresivamente su identidad. En los testimonios aparece una práctica recurrente. En las comisarías de Calilegua y Libertador General San Martín se retiraban los documentos personales, se asignaba un número y se impartía una orden tan simple como brutal: olvidar el propio nombre. La transformación de personas concretas en números constituía una forma de deshumanización que anticipaba lo que ocurriría en los centros clandestinos de detención.
Rufino Lizárraga, cuyo testimonio fue recogido por Maisel, permite observar con claridad esa transición. Estudiante de la Universidad Nacional de Jujuy y trabajador independiente, fue detenido el 20 de julio de 1976 frente a su casa en Libertador General San Martín. Vendado y con las manos atadas, fue trasladado primero a la comisaría del Ingenio Ledesma. Luego, Rufino fue llevado, junto a otros detenidos, hacia un destino desconocido. A pesar de la venda, intentaba reconocer el recorrido a partir de los sonidos y de su conocimiento del territorio. Como camionero, conocía cada curva de los caminos jujeños. Sabía cuándo pasaban cerca del ingenio, cuándo atravesaban San Salvador de Jujuy y cuándo el vehículo abandonaba el asfalto para internarse por caminos de ripio.
El destino final de las personas detenidas era Guerrero. Allí funcionaba uno de los principales centros clandestinos de detención de la provincia de Jujuy. Ubicado sobre la ruta provincial Nº 4, en el camino hacia Termas de Reyes, el lugar se convirtió en una estación central del circuito represivo. Hilda Figueroa, Raúl Bartoletti, Rufino Lizárraga, Eublogia “Rita” Cordero de Garnica y decenas de personas más pasaron por ese centro clandestino antes de ser trasladados a Villa Gorriti, puestos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional o liberados. Otros nunca regresaron.
Para las comunidades de Calilegua y Libertador General San Martín, el amanecer no significó el final de la pesadilla. Con la vuelta de la luz comenzaron las preguntas. ¿Quiénes habían sido llevados? ¿Adónde los habían llevado? ¿Volverían? La incertidumbre se extendió rápidamente por barrios, lugares de trabajo y escuelas. Las ausencias comenzaron a hacerse visibles. En algunos casos se sabía quién había sido detenido; en otros, sólo circulaban rumores. Como ocurre en toda experiencia traumática, el vacío de información fue llenado por versiones parciales, comentarios fragmentarios y reconstrucciones realizadas a partir de indicios.
Décadas más tarde, esas experiencias darían origen a memorias diversas. En “Versiones del Apagón de Ledesma”, Ludmila da Silva Catela mostró que no existe una única memoria sobre aquellos acontecimientos. Mientras las narrativas públicas y conmemorativas tendieron a concentrarse en una fecha emblemática y en una interpretación general del proceso represivo, muchos habitantes de Calilegua conservaron recuerdos más vinculados con la experiencia concreta: los perros ladrando, los cortes de luz, los vecinos detenidos, las calles vacías y el miedo de las familias. Algunas memorias enfatizan el 20 de julio; otras el 27. Algunas recuerdan principalmente a los obreros del ingenio; otras identifican a estudiantes, docentes, comerciantes, herreros o trabajadores rurales. Lejos de invalidarse mutuamente, estas diferencias muestran cómo las comunidades elaboran y transmiten el pasado.
En este nuevo milenio, Mario Paz, jefe de Relaciones Públicas de la empresa durante aquellos años, revelaría en el documental Sol de noche (2002) que la Gendarmería tenía presencia permanente en la fábrica. Si alguien parecía sospechoso, los gendarmes lo golpeaban para que confesara.
—Eran seis hombres. ¡Pero qué seis! ¡Cojonudos! Ellos me informaban a mí.
Las palabras de Paz desnudan lo que los expedientes judiciales prueban con documentos: la empresa no era un observador pasivo. Era un engranaje activo del plan represivo.
La memoria pública terminó consagrando la expresión “La Noche del Apagón”. La investigación histórica posterior permitió reconstruir una secuencia más amplia de operativos, cortes de energía y secuestros ocurridos durante julio de 1976. Ambas dimensiones forman parte de la historia. Una explica cómo los hechos fueron recordados; la otra ayuda a comprender cómo ocurrieron. Entre ambas se despliega una de las experiencias más traumáticas de la historia reciente de Jujuy: aquellas noches en que la oscuridad cubrió los pueblos del departamento Ledesma y decenas de personas fueron arrancadas de sus hogares para ingresar en el circuito clandestino del terrorismo de Estado.
Aquellas noches que los perros ladraron hasta más no poder.
Fuente de la Información: Página 12