La vigencia del ideario del exgobernador Miguel Ragone a 50 años de su desaparición forzada
11/03/2026. Noticias sobre Justicia > Noticias de Salta
El “médico del pueblo” era austero a toda prueba, propugnaba un socialismo nacional, postulaba que los medios de producción estuvieran “en manos de la clase trabajadora”. Planteaba la disyuntiva “liberación o dependencia”.
El “médico del pueblo” era austero a toda prueba, propugnaba un socialismo nacional, postulaba que los medios de producción estuvieran “en manos de la clase trabajadora”. Planteaba la disyuntiva “liberación o dependencia”. Denunciaba que en Salta “hay hombres que trabajan y hombres que viven del trabajo de los demás”. La persecución contra el gobierno popular de 1973
Una decena de personas recorrieron ayer tres puntos principales del secuestro, asesinato y desaparición forzada del exgobernador Miguel Ragone, de la que hoy se cumplen 50 años.
El recorrido, impulsado por la Asociación de Periodistas de Salta (APeS), reunió a militantes de derechos humanos y a periodistas que mientras iban de un punto a otro escenario de estos hechos ejercitaron la memoria en una conversación intimista, por momentos ganada por la emoción.
El recorrido comenzó en el pasaje Puló 146, donde todavía está la casa de Ragone, de la que salió (como cada día) aquella mañanita del 11 de marzo de 1976 con destino a su trabajo cuando fue secuestrado, a la vuelta, en la calle Del Milagro.
Fernando Pequeño frente a la casa de Ragone (Salta/12)
Su nieto, Fernando Pequeño, que para entonces era un niño, compartió aspectos de la vida familiar, y exhibió, hasta qué punto dañó el terrorismo estatal y paraestatal. “Esta casa se construyó a fines del 59, 60, más o menos. Y se llenaba de gente. Yo me acuerdo que habría 40, 50 personas en ese comedor, ponían caballetes, en el garaje también. Y era toda la gran familia, eran básicamente italianos, porque eran los esposos y los hijos de las tías, de las hermanas mujeres de mi abuela. Eran fiestas hermosas. Nunca más, después del 76, se hicieron esas reuniones acá, y eso es una de las cosas que a mí más me marcan”.
Ragone había nacido en la provincia de Tucumán, en el seno de una familia numerosa de inmigrantes napolitanos. Se inició en la política de muy joven, de la mano del ministro de Salud del primer gobierno de Perón, Ramón Carrillo.
Fue electo gobernador con más del 54 por ciento de los votos emitidos el 11 de marzo de 1973, acompañando la fórmula presidencial de Héctor Cámpora y Vicente Solano Lima. En su asunción, el 25 de mayo de 1973, destacó la voluntad del peronismo, al menos del proyecto que representaban Cámpora y él mismo, de “sacar al país de su situación de dependencia económica y a nuestro pueblo, de la injusticia social”.
Su plataforma electoral ratificaba las “Pautas programáticas para la reconstrucción nacional”, dadas por Cámpora en enero de 1973 (un plan de gobierno que, entre otras acciones, postulaba que los medios de producción debían estar “en manos de la clase trabajadora”), cuyo fundamento, dijo Ragone: “nos enfrenta a la disyuntiva de la Argentina actual: liberación o dependencia. Nos hemos pronunciado por la liberación, rechazando la dependencia”. Para él, todos comprendían “de qué y de quienes” debía ser esa liberación: “es necesario comprender que también regionalmente debemos liberarnos e independizarnos, sabiendo que en Salta hay hombres que trabajan y hombres que viven del trabajo de los demás”, afirmaba.
Un contemporáneo del exgobernador participó de la caminata ayer. El abogado y político Marcelo López Arias, recordó que tras asumir Ragone lo mandó llamar. “Quiero que usted se haga defensor oficial penal para que me ayude a controlar a la policía con todas las cosas que han hecho. Usted tiene que ayudarme desde ahí”, le dijo. “Me dediqué desde la Defensoría Penal a controlar, iba a cualquier hora, me metía en las comisarías. Seguí los pasos que él me marcó”, contó.
El gobernador designó en la Jefatura de Policía a un civil, Rubén Fortuny. Anunció que se iba a cambiar la estructura policial para que dejara de ser un órgano de represión y se convirtiera en una organización al servicio de la seguridad del pueblo.
Esta acción les valió, a él y a sus colaboradores, enemigos implacables que no iban a cejar sino hasta lograr la renuncia de Fortuny y luego asesinarlo, y más tarde, en noviembre de 1974, lograr la intervención de la provincia y finalmente, la desaparición del exgobernador. Otros cercanos a Ragone sufrieron la persecución, muchos fueron desaparecidos y otros debieron exiliarse.
“Yo no entendía nada”
La caminata siguió por la calle Del Milagro, más o menos a la altura 160, donde fue el secuestro.
Fernando Pequeño recordó ese día desde el asombro de su niñez. Mostró la baldosa y las placasen memoria de su abuelo y señaló, a unos 50 metros, en la esquina con Apolinario Saravia, el almacén de Santiago Arredes, asesinado cuando intentó ayudar al exgobernador. Fernando solía ir a ese almacén a comprar dulces con plata que le daba su abuelo.
Esa contidianidad terminó el 11 de marzo. Esa mañana después del secuestro sobrevolaba un helicóptero, “y a mí me impresionó mucho, porque yo estaba en la terraza de la casa de la Puló y no entendía nada. La casa estaba llena de gente y el helicóptero, y no sabía...”.
El Peugeot de Ragone estaba en el lugar del auto blanco. En la esquina, el almacén de Arredes (Salta/12)
Ragone iba en su automóvil Peugeot 504. Fue interceptado por la patota que se movilizaba en dos automóviles. Dos hombres bajaron y abrieron con violencia la puerta del auto del exgobernador y lo desplazaron del asiento del conductor. Luego hubo al menos cinco disparos y enseguida pasaron el cuerpo inerte de Ragone al asiento de atrás.
El ataque fue visto por el médico Jorge Albrecht, cuya casa estaba justo enfrente del punto del secuestro. También lo vio la adolescente Sandra Siegrist, que reconoció que uno de los atacantes tenía una ametralladora Uzi, y lo vió también Margarita Martínez de Leal, que trabajaba a pocos pasos del punto del secuestro. Un represor la vio a su vez y le disparó. La bala le dio en el brazo.
Cuando se iban, en la esquina con Apolinario Saravia, uno de los atacantes disparó sobre Arredes y lo mató, luego la caravana siguió hacia el sur, a los valles.
El recorrido provocó emociones contradictorias en Fernando Pequeño. “Primero, la satisfacción de que la memoria sigue, está viva, seguimos haciendo preguntas desde el presente”. Por otro lado, el dolor “del duelo permanente, de la angustia”, aunque “en compañía se hace mucho más llevadero”.
“Si hemos servido, volveremos”
“A mí me interesa que la memoria de mi abuelo siga siempre viva como una posibilidad de pensar los valores éticos que él tenía, la democracia, la austeridad”, afirmó Pequeño. En esa línea recordó aquella frase memorable de Ragone cuando fue intervenido: “Si hemos servido, volveremos”.

La baldosa en memoria de Ragone (Salta/12)
Militaba para volver cuando lo alcanzó el terror. Se postulaba para presidir el PJ y se descontaba que iba a volver a ser candidato a la gobernación. Sus opositores le habían hecho llegar mensajes de que se retirara de la disputa política, pero era “el terco Miguel”, como lo describió su amigo y exintegrante de su gabinete Jesús Pérez.
En el inicio de la caminata el periodista Andrés Gauffín dijo que el asesinato del exgobernador marcó un quiebre en la política salteña. La derecha ya había conseguido sacarlo del gobierno, pero quería asegurarse de que no hubiera otro gobierno popular.
La caída der Ragone provocó que Salta se mantenga como una sociedad “feudal, atemorizada, sin palabra”, con dirigentes entreguistas, lo que se puede ver en la degradación de las instituciones. “Ojalá que podamos en algún momento revertirlo”, sostuvo Pequeño.
Operativo Independencia
Blanca “Nenina” Lescano, de Familiares de Detenidos Desaparecidos por Razones Políticas, Gremiales y Sociales, le puso contexto al secuestro y desaparición de Ragone. Salta estaba comprendida dentro del Operativo Independencia, que “en el 75 se legaliza formalmente cuando dicen exterminar la subversión”.
Recordó que su padre, el abogado Luis Lescano, fue secuestrado y desaparecido el 13 de marzo de 1976, en Santiago del Estero, “dos días después de Ragone, con las mismas características, porque lo levantan en una plaza y nunca más se supo”. En este caso sus restos fueron encontrados en el Pozo de Vargas en Tucumán.
Ragone sigue siendo un desaparecido. Sin embargo, existe la presunción de que pudo haber sido arrojado en el Dique Cabra Corral, en Coronel Moldes, a más de una hora de la ciudad de Salta. Fernando se entrevistó con un expolicía arrepentido que aseguró que los secuestradores fueron al Cabra Corral, donde “llenaron ese cajón de cemento y lo desplazaron desde una de las orillas del puente hacia abajo”.
El golpe antes del golpe
La caminata concluyó al pie de la cruz de hierro ubicada sobre el Paseo Güemes, un recuerdo del VII Congreso Eucarístico Nacional, a cuya clausura, el 13 de octubre de 1974 asistió la presidenta María Estela Martínez de Perón.
Como gobernador Ragone, ya inmerso en una crisis provocada por los enemigos de siempre, era el anfitrión de este acto. La presidenta aprovechó la circunstancia para darle el golpe de gracia a la institucionalidad salteña. Le negó el saludo y dejó así expedito el camino para la intervención, que se iba a concretar al mes siguiente.
La cruz, frente al Club 20 de Febrero (Salta/12)
La derecha quería borrar el ideario peronista que expresaban Ragone y sus cercanos. Eduardo Fronda, militante de la Lista Verde (que llevó a Ragone a la Gobernación) fue asesinado en enero de 1975; Luciano Jaime, periodista y militante peronista cercano a la Lista Verde, fue asesinado en febrero de 1975. Guillermo Álzaga, secretario general del Sindicato Único de Empleados y Trabajadores del Tabaco de la República Argentina (SUETRA), que había sido secretario de Trabajo, fue asesinado el 18 de diciembre de 1975. El 6 de febrero de 1976 fue desaparecido el director general de Promoción de la Comunidad, Felipe Burgos, un destacado dirigente del sindicalismo rural.
Luis Eduardo Risso Patrón, del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) pero que había accedido a una banca en Diputados mediante una alianza con el ragonismo, fue secuestrado y su cuerpo dejado en la plaza de Metán en julio de 1976; las hermanas Francisca Delicia Torres y Carmen Berta Torres, ambas de la Lista Verde y la última funcionaria del área de ambiente en el gobierno de Ragone, fueron desaparecidas. También fue asesinado Enrique Campos, militante sindical y peronista que había sido intendente de Aguaray, designado por Ragone.
El secretario general de la Gobernación Jesús Pérez, y el ministro de Gobierno Enrique Pfister Frías, fueron perseguidos y debieron irse de la provincia.
El intendente de la ciudad de Salta Gerardo Bavio (entonces los intendentes eran nombrados por el gobernador) debió renunciar antes a su cargo. María del Carmen Alonso de Fernández secretaría de Obras Públicas municipal, fue detenida y asesinada en la Masacre de Palomitas; Ramón Gerardo “Chicho” Gallardo, de la Dirección de Planificación Urbana de la ciudad de Salta, fue desaparecido en agosto de 1976. También fue perseguido y debió exiliarse Segundo Alvarez, de la Dirección de Comercio municipal. Aldo Víctor Bellandi, que fue secretario de Movilidad del gobierno de Ragone, fue detenido y torturado.
La represión se ensañó asimismo con la JP, que había acompañado al gobierno popular. Entre otros, fueron asesinados o desaparecidos Nicolasa del Valle Montilla, Pedro Urueña, Jorge René Santillán, Luis Vuistaz, su cuñada Ruth Sáez de Vuistaz, Santos Abraham Garnica, Raúl Araujo, Benita Medina de Giménez, Raúl Benjamín Osores.
Fuente de la Información: Página 12