La memoria como política de Estado que cruza fronteras: la UE conmemoró los 50 años del Golpe
25/03/2026. Noticias de Interés > Noticias Internacionales
Frente al negacionismo del gobierno de Milei, no fue un mensaje más. Fue, en los hechos, una toma de posición
A 50 años del Golpe de Estado en nuestro país de 1976, la Unión Europea decidió correrse del protocolo diplomático habitual y emitir un gesto político de alto contenido simbólico: conmemoró oficialmente el aniversario del inicio de la última dictadura argentina y rindió homenaje a sus víctimas. No fue un mensaje más. Fue, en los hechos, una toma de posición.
El acto, realizado junto a sus Estados miembros, puso en el centro una definición que no suele aparecer con esa claridad en la arena internacional: el reconocimiento explícito de las políticas de Memoria, Verdad y Justicia como un modelo democrático. “Son un referente internacional de compromiso democrático”, sostuvo el embajador Erik Høeg. La frase no solo valoró el proceso argentino. También marcó un estándar.
Un reconocimiento con historia
El vínculo entre Europa y los derechos humanos en la Argentina no es nuevo. Durante los años de la dictadura, distintos países europeos fueron destino de exiliados políticos y escenario de denuncias contra el régimen militar. Décadas después, ese lazo se reconfiguró en clave institucional: cooperación judicial, acompañamiento a los juicios de lesa humanidad y respaldo a organismos de derechos humanos.
En ese recorrido, la Argentina construyó un camino singular. La anulación de las leyes de impunidad, la reapertura de los juicios y la consolidación de una política de Estado orientada a juzgar a los responsables del terrorismo de Estado fueron leídas desde el exterior como un proceso excepcional. No por su ausencia de conflictos, sino por su persistencia.
El gesto de la Unión Europea se inscribe en esa tradición. Pero al mismo tiempo, adquiere un nuevo sentido en el contexto actual.
La memoria como política, no como relato
El reconocimiento europeo no se limitó a la evocación histórica. Puso en valor una política pública concreta: la decisión de investigar, juzgar y condenar los crímenes de lesa humanidad. En otras palabras, destacó la memoria como herramienta institucional, no como consigna abstracta.
Ese punto resulta central. En un escenario global donde crecen discursos que relativizan violaciones a los derechos humanos o promueven lecturas revisionistas de procesos traumáticos, la Unión Europea eligió señalar un camino opuesto: el de la memoria activa, sostenida desde el Estado.
No es un dato menor. El bloque europeo también atraviesa sus propias tensiones en materia de memoria histórica, con debates abiertos sobre el pasado colonial, los crímenes del fascismo y las políticas migratorias actuales. En ese marco, mirar hacia la Argentina implica también interpelarse.
Que la Argentina sea presentada como “referente” no es solo un elogio. Es, en cierto punto, una incomodidad para otros países que no avanzaron con la misma profundidad en procesos de justicia transicional.
Mientras en distintos lugares del mundo los crímenes de Estado siguen sin juzgarse o se diluyen en comisiones sin consecuencias penales, el caso argentino aparece como excepción: cientos de condenas, juicios en curso y una narrativa social que legitima ese proceso.
Diplomacia y contexto político
La declaración del embajador Høeg refuerza esa lectura. Y, al hacerlo, coloca a la Argentina en un lugar de visibilidad internacional que contrasta con las discusiones internas.
El pronunciamiento de la Unión Europea no ocurre en el vacío. Llega en un momento en el que, dentro del país, resurgen discursos que cuestionan las políticas de derechos humanos impulsadas desde 2003. La falsa idea de una “memoria completa”, la relativización del número de desaparecidos o la equiparación entre terrorismo de Estado y violencia política forman parte de un clima que tensiona consensos históricos.
En ese contexto, la señal europea adquiere un tono político más marcado. Sin intervenir directamente en la coyuntura local, reafirma un posicionamiento: los procesos de memoria, verdad y justicia no son negociables ni equivalentes a otras interpretaciones.
Es, en términos diplomáticos, una forma de marcar límites.
Memoria global, disputa local
La conmemoración europea también evidencia otra dimensión: la internacionalización de la memoria argentina. Lo que comenzó como una lucha de organizaciones locales (Madres, Abuelas, familiares) se transformó con el tiempo en un paradigma global.
Hoy, el modelo argentino es estudiado en universidades, citado en tribunales internacionales y replicado )con matices) en otros procesos de justicia transicional. La Unión Europea, al reconocerlo, no hace más que formalizar esa circulación.
Sin embargo, esa validación externa convive con una disputa interna que sigue abierta. La memoria no es un terreno saldado. Es un campo de tensiones donde se cruzan historia, política y poder.
A 50 años, una definición
Medio siglo después del golpe, la escena ofrece una paradoja. Mientras desde Europa se consolida la idea de la Argentina como ejemplo democrático en materia de derechos humanos, puertas adentro Milei y el gobierno libertario niega lo ocurrido en la dictadura y refuerza teorías fascistas como la de “los dos demonios”.
El acto de la Unión Europea no resuelve esa tensión. Pero la expone. Y, al hacerlo, refuerza una certeza: la memoria no es solo pasado. Es presente en disputa y, también, proyección internacional.
En ese cruce, la Argentina vuelve a ser observada. No solo por lo que fue, sino por lo que decide ser.
Fuente de la Información: El Argentino Diario