“La Masacre de Palomitas sigue interpelándonos”
06/07/2026. Noticias sobre Justicia > Noticias de Salta
Los seis hombres y cinco mujeres asesinados por la dictadura fueron recordados ayer en Salta. Los organismos de DDHH advirtieron que la democracia no puede darse por sentada y reivindicaron la memoria como una herramienta para fortalecerla y construir “
A 50 años de la matanza de 11 detenidos políticos en Salta
En un día gélido, familiares, exdetenidos políticos y organizaciones políticas y sociales se dieron cita ayer en un punto de la ruta nacional 34 para recordar a las cinco mujeres y seis hombres asesinados durante la última dictadura cívico militar en la que después de conoció como la Masacre de Palomitas.
El 6 de julio de 1976 once personas detenidas por razones políticas fueron sacadas de la cárcel de Villa Las Rosas con la excusa de que iban a ser llevadas a otro penal y fueron asesinadas en el paraje Las Palomitas, a unos 70 kilómetros de la ciudad de Salta. Ese aniversario se recordó ayer anticipadamente, aprovechando el domingo, pero hoy, cuando se cumplen los 50 años, se hará un acto, a partir de las 10.30, en el mural que recuerda a las víctimas, en el Parque San Martín.
“Medio siglo después, la Masacre de Palomitas continúa interpelándonos no sólo por la brutalidad de los hechos, sino también por el compromiso que nos exige con la memoria, la verdad, la justicia y la defensa irrestricta de los derechos humanos", aseguraron los organismos de derechos humanos en un documento que se leyó en el acto realizado en el mismo lugar donde una patota de policías de la provincia y del Ejército cometió este crimen, en plena dictadura.
En el documento se hace también referencia al recambio generacional en la lucha por memoria, verdad y justicia. “Heredamos la responsabilidad de mantener viva esta historia para que nunca más pueda repetirse”, afirmaron.
Sobre la Masacre de Palomitas, afirmaron que “no fue un exceso ni un episodio aislado” sino parte del “plan sistemático de exterminio desplegado por la última dictadura cívico-militar-eclesiástica-empresarial”. La dictadura intentó encubrir el crimen afirmando que se había tratado de un enfrentamiento.
La señalización en el lugar de la matanza Maira López
En Palomitas fueron asesinados Benjamín Leonardo Ávila, su esposa Celia Leonard de Ávila, Georgina Graciela Droz, María del Carmen Alonso de Fernández, Evangelina Botta de Nicolai, Roberto Luis Oglietti, Pablo Eliseo Outes, José Povolo, Alberto Simón Savransky, María Amaru Luque de Usinger y su marido Rodolfo Usinger. Todos fueron nombrados y descriptos brevemente por distintos asistentes al acto, entre los que se destacaron un grupo de estudiantes de nivel secundario.
“Nombrarlos sigue siendo un acto profundamente político y profundamente humano”, afirmaron los organismos, porque la dictadura trató de invisibilizarlos. “La democracia, en cambio, les devolvió su condición de personas y reconoce la dignidad que el terrorismo de Estado intentó arrebatarles”.
La perseverancia para que se investigue este hecho hizo posible “romper el pacto de impunidad” de dictadura. Por eso, “La historia de Palomitas también demuestra que la verdad puede demorarse, pero no desaparecer".
Memoria, que no es solo pasado
Hablar de memoria no es solo hablar de pasado, explicaron los organismos de DDHH en su documento. “La memoria constituye una herramienta para comprender el presente y proyectar el futuro. Es un compromiso cotidiano con la democracia, con el respeto por la vida y con el límite que una sociedad decide poner frente al abuso del poder", aseguraron.
Recordar Palomitas no significa permanecer anclados en el dolor, significa también “comprender que ninguna democracia puede consolidarse si olvida las consecuencias del autoritarismo, la persecución política y la violencia ejercida desde el propio Estado”.
Además, la memoria es “patrimonio de toda la sociedad argentina. Porque cada derecho conquistado, cada juicio realizado y cada verdad reconstruida fortalecen la calidad de nuestra democracia".
Esta Masacre sigue recordándose porque “sabemos que el olvido nunca es neutral. Allí donde el olvido avanza, también encuentra espacio la negación de los hechos, la relativización de los crímenes y los discursos de odio que buscan minimizar el Genocidio, hechos que la Justicia argentina y el derecho internacional ya han demostrado con absoluta claridad".
Acto en el cartel que señala el lugar de la masacre Gentileza
Los organismos también valoraron la experiencia argentina, que eligió juzgar a los responsables de los crímenes de lesa humanidad mediante tribunales ordinarios, con todas las garantías del debido proceso y dentro del Estado de derecho. “Esa decisión convirtió a nuestro país en un ejemplo internacional de justicia y consolidó el principio de que los delitos de lesa humanidad son imprescriptibles y no deben quedar impunes”, aseguraron.
Se trata de una conquista democrática que “pertenece a toda la sociedad argentina, y merece ser cuidada, defendida y transmitida a las nuevas generaciones”.
En el documento los organismos también repasaron el largo camino para lograr que se juzgue a los responsables de la Masacre. Tras el Juicio a las Juntas, hubo un retroceso con las leyes de obediencia debida y punto final y los indultos. Sin embargo, "No aceptamos que la democracia conviviera con la impunidad. No aceptamos que el olvido reemplazara a la memoria".
En ese camino, la intervención del juez español Baltasar Garzón, que incorporó la Masacre de Palomitas dentro de la investigación sobre los delitos cometidos por la dictadura argentina, “fortaleció el reclamo de justicia dentro del propio país”.
Finalmente, con la anulación de las leyes de impunidad y la declaración de la inconstitucionalidad de estas leyes permitió que la Justicia Federal investigara estos hechos. En ese marco, en los juicios conocidos como Palomitas I y Palomitas II fueron condenados los responsables militares Luciano Benjamín Menéndez, Carlos Alberto Mullhal, Miguel Raúl Gentil y Hugo Cesar Espeche y los policías Joaquín Guil y Juan Carlos Alzugaray.
Justicia, más allá de una sentencia
“La búsqueda de justicia no termina con una sentencia”, aclararon los organismos. La justicia “también se construye preservando los archivos, protegiendo los sitios de memoria, promoviendo la investigación histórica, acompañando a las víctimas y garantizando que las nuevas generaciones conozcan lo ocurrido”, se explicaron. Y aseveraron que “los juicios de lesa humanidad son una de las políticas públicas más trascendentes de la democracia argentina".
Porque “conocer esa verdad fortalece nuestra democracia”. Porque una sociedad que conoce su historia está mejor preparada para defender sus instituciones, y porque reconoce con mayor claridad los riesgos del autoritarismo.
En este sentido, ayer también se homenajeó “a quienes durante cincuenta años sostuvieron la bandera de la memoria". “A quienes hicieron de la búsqueda de justicia una forma de amor”.
Estudiantes secundarios aportaron sus voces al acto Maira López
Quizás el legado más profundo de Palomitas es la certeza de que "ninguna democracia puede darse por concluida. La democracia se fortalece todos los días, con instituciones transparentes, con una Justicia independiente, con una ciudadanía comprometida y con un Estado que asuma plenamente su responsabilidad en la protección de los derechos humanos".
Por eso, conmemorar los cincuenta años de la Masacre de Palomitas “significa que la memoria tiene sentido cuando ilumina el presente y nos ayuda a construir un futuro en el que la dignidad humana sea un principio irrenunciable".
Los organismos de DDHH destacaron en este sentido que el país ha construido “un amplio consenso en torno a la defensa de los derechos humanos. Comprendimos que la democracia no se sostiene únicamente mediante elecciones libres, sino también mediante instituciones que respeten la Constitución, la ley y la dignidad de las personas. Sin embargo, la democracia nunca está definitivamente conquistada".
Criminalización de la protesta y ajuste
Bajo un cielo nublado, frente a la cruz que recuerda a las 11 personas asesinados ahí la noche del 6 de julio de 1976, los organismos de DDHH recordaron que organismos nacionales e internacionales manifestaron su preocupación por el impacto que “determinadas políticas públicas (de control de la protesta social y las políticas de ajuste económico) pueden tener sobre el ejercicio de derechos fundamentales”.
En este sentido denunciaron el uso de la fuerza en manifestaciones públicas, detenciones arbitrarias, expresiones discriminatorias dirigidas hacia colectivos históricamente vulnerados y decisiones que afectaron políticas públicas vinculadas con la memoria, la igualdad y la protección social.
En el noroeste argentino, reseñaron los "conflictos vinculados al acceso a la tierra, los desalojos y atropello a los derechos de las comunidades indígenas y campesinas, como a la comunidad Diaguita-Calchaqui Las Pailas y la Comunidad Lules; la criminalización de referentes sociales“, como la detención arbitraria de Franco Oscari.
En este aspecto subrayaron que los "derechos humanos son el fundamento ético sobre el cual se organiza la convivencia democrática" y cada vez que un derecho se vulnera, “toda la sociedad resulta herida”. “Frente a ese escenario, la respuesta no puede ser la resignación. La respuesta debe ser más democracia”, afirmaron.
En la misma línea, alertaron que "el autoritarismo nunca comienza con los hechos más extremos". Empieza cuando se naturaliza la indiferencia frente al sufrimiento ajeno.
“A cincuenta años de la Masacre de Palomitas, esa sigue siendo una de las enseñanzas más profundas que nos dejaron quienes fueron asesinados aquella noche: la dignidad humana nunca puede quedar subordinada a la lógica del miedo, de la persecución o de la intolerancia”, ratificaron.
El documento concluye reclamando libertad para Milagro Sala, para Cristina Fernández de Kirchner y para “todes los presos políticos“.
Fuente de la Información: Página 12