El sello “PRADA” hallado en cargamentos de cocaína en Salta vincula la droga con el Cartel de Sinaloa
23/02/2026. Noticias sobre Justicia > Noticias de Salta
Secuestros recientes en el límite con Bolivia y una avioneta con 364 kilos abrieron otra hipótesis: marcas repetidas, rutas nuevas y alianzas narco.
En el norte argentino, un detalle que a primera vista parece ajeno al delito empezó a repetirse en operativos distintos y en fechas cercanas. Paquetes de cocaína con el sello “PRADA” aparecieron en secuestros realizados del lado salteño de la frontera con Bolivia. Para investigadores y fuerzas de seguridad, esa marca funciona como una pista que ordena piezas dispersas y obliga a mirar el mapa con otra lógica.
En los últimos meses, fuerzas federales y la policía de Salta incautaron casi 370 kilos de cocaína sobre los 742 kilómetros de límite con Bolivia. Según fuentes oficiales citadas en la información de base, el sello “PRADA” se vincula a un mecanismo de identificación atribuido al Cartel de Sinaloa, que diferenciaría así su producto. La misma fuente sostiene que los narcos mexicanos califican esa droga como 90% pura, una afirmación que aporta contexto sobre el valor que le dan a esa “firma” en el circuito clandestino.
El uso del nombre de una marca global introduce una maniobra simbólica: asociar “alta gama” con calidad, incluso en un mercado criminal. La investigación remarca que la empresa real detrás del logo no tiene relación con el tráfico, pero el sello circula igual como señal de pertenencia. En ese gesto, el mensaje no se dirige al consumidor común sino a quienes compran, trasladan y protegen cargamentos a escala.
La novedad no se limita a un solo actor. Junto a la organización ligada históricamente a Joaquín Guzmán Loera, alias “Chapo”, el escenario suma referencias a otros nombres pesados: el Cartel Jalisco Nueva Generación y el Primer Comando Capital (PCC), con presencia activa en la triple frontera. En la lectura que proponen fuentes consultadas en la nota base, esa interacción apunta a alianzas para explotar rutas y consolidar logística en un corredor que supera a un país y a una sola banda.
La hipótesis se apoya en un trayecto que une producción, transporte y salida marítima. Se menciona la cocaína producida en Chapare (Bolivia) y en el Vraem (Perú), con destino final en puertos de la Argentina y del sur de Brasil para luego enviar cargamentos hacia Amberes, Rotterdam, Lisboa, Galicia y lejano Oriente. Ese recorrido, planteado como posible, explica por qué una señal en un ladrillo hallado en Salta impacta más allá del volumen secuestrado.
En Bolivia, la nota fuente señala golpes recientes sobre “factorías” y detenciones que exponen vínculos con laboratorios. Allí aparece la gestión encabezada por Rodrigo Paz y la mención a Chapare como zona central de producción de hoja de coca, con un dato que agrava el cuadro: 90% de esa producción terminaría en el mercado ilegal, según el texto. En esa misma línea, se citan procesamientos de altos funcionarios ligados a la lucha antidroga y al área de sustancias controladas durante la presidencia de Evo Morales.
La trama toma cuerpo cuando la investigación aterriza en un hecho concreto y cercano en el tiempo: la caída de una avioneta. A principios de noviembre, autoridades argentinas hallaron 364 kilos de cocaína en una aeronave que se estrelló en un campo de Rosario de la Frontera (Salta) y el cargamento presentó la misma marca que un alijo secuestrado en julio de 2022 en México. La coincidencia del sello, sumada a la distancia de 6100 kilómetros que remarca el texto, se volvió un elemento de comparación que empuja a mirar esa carga como parte de un circuito mayor.
Ese hallazgo también suma otra capa: además del sello vinculado a marroquinería de alta gama, los paquetes llevaban el logotipo de un fabricante de autos eléctricos de Estados Unidos, según el relato. La nota base recuerda que en México, ante un cargamento con marcas similares, las autoridades vincularon a detenidos con el cartel de Sinaloa. En Salta, la repetición del patrón funciona como señal de método y no como un capricho aislado.
Con esos elementos, aparece el riesgo más sensible: la violencia asociada al negocio cuando se consolidan alianzas y se disputan territorios de paso. La fuente plantea el temor a una escalada si se combinan bandas mexicanas, clanes productores bolivianos y peruanos y organizaciones criminales brasileñas en una misma línea de trabajo. No se trata solo de droga circulando, sino de estructuras que buscan asegurar el traslado por zonas donde la frontera y las rutas se vuelven un recurso.
La nota también aporta un antecedente local que sirve para entender por qué estas señales generan preocupación. Se recuerda un intento previo atribuido al Cartel de Sinaloa en el país, vinculado a la efedrina y a un laboratorio en Maschwitz, que quedó expuesto tras una explosión. En ese marco, aparecen los nombres de Sebastián Forza, Leopoldo Bina y Damián Ferrón, asesinados en 2008, como parte de un período en el que la Argentina quedó asociada a movimientos de precursores químicos y a tramas de alto impacto judicial.
Fuente de la Información: lu17