Detrás de la Ciudad Judicial
05/05/2020. Noticias sobre Justicia > Noticias de Salta
Al costado de la entrada a la Alcaidía General de la Ciudad de Salta una pequeña ermita exhibe una de las tantas imágenes de la Virgen que presiden dependencias policiales en Salta. Mi pasado seminarístico me impulsa hacia ella: quiero saber de qué a
Pero cuando estoy a punto de averiguarlo, un silbato suena a treinta metros a mi derecha y un hombre de camisa celeste, botines y pantalones desteñidos me señala con el dedo de una mano, y con la otra sostiene una escopeta Itaka. Indudablemente era una Itaka, porque Itaka es el único nombre que conozco de una escopeta.
Yo había llegado a la Alcaidía caminando tranquilamente por la avenida Memoria, Verdad y Justicia, que ustedes saben bordea el enorme edificio de la Ciudad Judicial ideado por Juan Carlos Romero. Mirando semejante majestad, yo caminaba seguro, con mi barbijo negro, mi celu , mi dni como en tiempos de la dictadura, mi libreta de notas y mi permiso de circulación en regla.
Iba derecho a la Alcaidía, a la que quería observar como en aquellos remotos tiempos desde el Parque del Bicentenario cuando se podían escuchar los cantos y los gritos de los internos, y ver sus brazos salidos por entre las rejas.
En un segundo pasé, a mi derecha, el Colegio de Abogados . Terminé de convencerme de que no podía moverme en zona más segura, es decir, ajustada a la legalidad y al derecho, pues los habitantes del Colegio y de la Ciudad Judicial saben la mar de leyes y jurisprudencias
-¿Cómo puede ser que esté sacando fotos aquí?, me gritó el de la Itaka no bien me tuvo a tiro. A tiro de sus gritos, claro. ¡Aquí no se puede estar!
-¿Cómo? Yo vengo por la avenida y ningún cartel dice que no se puede pasar, que no se puede detener o, menos, que no se puede sacar fotos.
– Pero, ¿no entiende? Usted no puede andar así como así en un lugar privado (SIC).
– ¡Este es un lugar público!
No les puedo describir la cara de extrañeza que entonces puso el hombre , antes de empezar a abundar en sus últimos argumentos: las órdenes que debía cumplir, sus funciones que yo estaba entorpeciendo.
Observé que no tenía ninguna identificación, el apellido sobre el bolsillo izquierdo por caso.
Yo no tenía ganas de dormir esta noche en la Alcaidía y sí en los brazos de mi amada, así que dejé de insistirle. Total convencerlo de que aquello era público, no lo iba a convencer, y yo tenía mi inocua foto. Y mi relato.
Viví muy de refilón la experiencia de la brutalidad en Salta: Detrás de la Ciudad Judicial con su Corte de siete miembros, pronto nueve, detrás de todos sus juzgados civiles y penales, detrás de la Escuela de la Magistratura que también anda por ahí, detrás de la Procuración, detrás del Colegio de Abogados, detrás de todo eso pero bastante próximo, está la fuerza bruta encarnada en un tipo sin identificación que te ordena que no circules en una calle que no tiene ningún cartel, y convenciéndote con una Itaka.
Detrás de esos juzgados laborales está ese tipo que muy posiblemente esté trabajando en negro, y que tenga escasa preparación para manejar una Itaka, y que sólo le importa cumplir órdenes por bárbaras que sean.
Regreso por la avenida Memoria, Verdad y Justicia, y me pregunto a quién se le ocurrió bautizarla con ese nombre, porqué no se le puso a la calle polvorienta donde vivía Educardo Fronda, por ejemplo. ¿No hubiera sido más digno?
Llego a casa y advierto que el incógnito penitenciario hizo que aquella Virgen se quedara sin mi plegaria.
Fuente de la Información: Ensayos